Leo Perutz fue un escritor raro, distinto, en una época rara. Nació un año antes que Franz Kafka, en la misma ciudad, Praga y, como él, trabajó en la aseguradora Generali. Leo Perutz, además, fue matemático y, como Kafka, fue judío en un tiempo en el que ser judío significaba la muerte en la ciudad en que nacieron. Heredero de una larga tradición judía, que se remontaba a los sefardíes que fueron expulsados de España, Perutz plasmó el misticismo y la magia de los relatos hebreos en De noche, bajo el puente de piedra, una extraña y sugestiva novela publicada en 1953, poco antes de la muerte del autor.
El puente de piedra al que hace alusión el título es, naturalmente, el Puente de Carlos, que atraviesa el río Moldava y une la Ciudad Vieja y la Ciudad Pequeña de Praga. De alguna manera este puente, con sus treinta estatuas barrocas y su larga historia de significativos acontecimientos, es el símbolo que une los catorce relatos de los que consta esta obra.
Como decíamos, estamos ante una novela extraña, compuesta por relatos en principio independientes entre sí, que van formando una trama uniforme en la mente del lector conforme avanza en su lectura. Leo Perutz es exigente con sus lectores: somos nosotros, desde un esfuerzo activo, los que debemos componer la novela que se encuentra oculta entre las tramas de los cuentos que vamos leyendo.
Naturalmente, hay un elemento común: la magia que rezuman todos los textos. De noche, bajo el puente de piedra se lee como esos relatos orales que se contaban al calor de la chimenea en tiempos pasados, bajo el embrujo de la noche y el fuego. Leo Perutz fue un gran admirador de la historia, y de hecho casi todas sus novelas son históricas, con personajes reales fácilmente identificables.
Lo que le añade Leo Perutz a sus novelas, y lo hace único entre los grandes escritores del siglo XX, es el encanto de la superstición y la leyenda, del ocultismo y de la cábala, incluyendo en sus historias una suerte de elemento fantástico que los nimba con un halo de seducción y atractivo irresistibles. Quien haya leído la extraordinaria novela El Golem, de Gustav Meyrink, sabrá a qué tipo de ambiente nos estamos refiriendo. Algún crítico escribió, con acierto e ingenio, que las novelas de Leo Perutz son “el posible resultado de una unión ilícita de Franz Kafka con Agatha Christie”.
En De noche, bajo el puente de piedra se vale de la figura de Rodolfo II, el extravagante emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, amante de la alquimia y de la astrología, paranoico y caprichoso, que trasladó su corte a Praga para zambullirse en el ambiente quimérico de la ciudad. El emperador enriquece con su presencia casi todos los relatos de la novela, o los protagoniza, mezclándose con el místico y vidente rabino Loew y el riquísimo judío Mordejai Meisl y su mujer Esther, verdaderos protagonistas de la asombrosa Praga del siglo XVI que ahora admiran las manadas de turistas que se acercan a la capital checa.
Leo Perutz conocía bien los intrincados resortes del misterio, el poder de sugestión de las leyendas. Sabía que la inverosimilitud puede ser un aliado cuando se ha creado la atmósfera adecuada para que el lector caiga en las redes del autor, que entre en el juego que plantea la novela.
Los textos de De noche, bajo el puente de piedra tienen el sabor de las historias de brujas o los antiguos mitos griegos. Así, en un momento determinado, el rico judío Mordejai Meisl decide no dejar ni bienes ni dinero el día que muera. Pero esta inverosímil decisión tiene un obstáculo difícil de superar:
Enriquecerse no le había costado ningún esfuerzo, había sido casi como un juego. Pero volverse pobre… ¿sería capaz de lograrlo? El oro lo perseguía. Debía deshacerse de él, alejarlo de sí, gastarlo, dilapidarlo hasta el último florín.
Este episodio nos recuerda a la historia del Rey Midas, como si la posesión del oro, la facilidad para tenerlo o acumularlo fuera una desgracia o una maldición. Leo Perutz revierte la lógica humana para introducir al lector en una especie de encantamiento en el que cualquier solución es posible y admisible. Si decimos que el imprevisible destino de la riqueza del atribulado judío tendrá una relación directa con una vela que se consume en la sinagoga, entenderá el lector el tipo de juego al que le invita a participar el imaginativo autor checo.
Esta fuerte –y muchas veces asombrosa- relación entre elementos dispares es uno de los recursos de Leo Perutz en sus novelas. El resultado es un prodigioso manejo de la tensión narrativa. Cabe recordar que fue Jorge Luis Borges quien introdujo a su admirado Leo Perutz en el ámbito de la lengua castellana cuando incluyó su novela El maestro del Juicio Final en su mítica colección El Séptimo Círculo, dedicada a la novela negra y policial.
Lo curioso es que El maestro del Juicio Final no es una novela negra ni policial, pero está escrita con tal solvencia y tensión, con tal suspense acerca de los imprevisibles acontecimientos que se van desarrollando en sus páginas, que se lee como una novela de misterio, o como quiso Borges, como una novela policial, ya que hay una serie de muertos en la trama, si bien ningún asesinato.
Y es que las novelas de Leo Perutz tienen la solidez narrativa que se les exige a las grandes obras maestras. Podríamos decir que las novelas de Leo Perutz pesan, que tienen consistencia, y el lector, cuando se acerca a ellas, nota que detrás de esa escritura hay una gran sabiduría narrativa, un poderoso talento para provocar interés y un halo de misterio en todo momento.
Esta robustez, sin embargo, no le quita un ápice de diversión y entretenimiento, porque las novelas de Leo Perutz están cargadas de intrigas y aventuras sorprendentes. Para decirlo de una vez, la literatura de Leo Perutz es de la máxima calidad, escrita con la intención de entretener pero sin renunciar a una sagaz reflexión sobre la naturaleza humana y el propio mundo que le tocó vivir al autor, una época en descomposición, de iluminados, guerras, dolor y exilios, que de una forma muy inteligente supo incluir en sus textos bajo el disfraz de novelas históricas enriquecidas con elementos fantásticos. Así lo vertió Leo Perutz en De noche, bajo el puente de piedra, su obra maestra y también un magnífico ejemplo de novela profunda, mágica y entretenida.
De noche, bajo el puente de piedra. Leo Perutz. Libros del Asteroide.
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