Si yo amaneciera otra vez, de Javier Marías: el mejor homenaje a Faulkner es leerlo.

Portada de Si yo amaneciera otra vez

Si yo amaneciera otra vez no es una novela, ni lo pretende. Es algo quizá más íntimo y revelador: el testimonio de una fidelidad literaria. El libro reúne una serie de textos que se publicaron en diversos medios en 1997 con motivo del centenario del nacimiento de Faulkner.

Reeditado en 2024, el libro reúne ensayos, semblanzas, anécdotas y traducciones de poemas de Faulkner con los que Javier Marías rinde homenaje a una de las figuras que más profundamente marcaron su concepción de la literatura: William Faulkner. No se trata de un estudio académico ni de una biografía al uso, sino de una aproximación personal, casi confidencial, en la que el escritor español dialoga con el autor estadounidense desde la admiración, la lectura prolongada y la convivencia intelectual de toda una vida.

El libro se articula como un mosaico. Javier Marías no busca la exhaustividad, sino la intensidad del detalle significativo. Le interesa Faulkner no solo como autor de Mientras agonizo o El ruido y la furia, sino como figura humana, como presencia esquiva, contradictoria, tímida y orgullosa a la vez. En textos como «Lo que no escribió Faulkner», “William Faulkner a caballo”, «Notas de viaje por Faulkner, Mississippi» o “Faulkner habla”, el Nobel estadounidense aparece despojado del mármol del canon y devuelto a su condición de hombre: alguien que escribía con prisa, que desconfiaba de las entrevistas, que publicaba ciertos libros por necesidad económica, que habitaba su propio mito con incomodidad.

Uno de los ejes más sugestivos del volumen es la traducción que Javier Marías hace de doce poemas procedentes de A Green Bough (1933). No es un añadido marginal, sino una parte esencial del homenaje. Traducir, para Javier Marías, siempre fue una forma de lectura extrema, una manera de entrar en el pensamiento ajeno hasta hacerlo resonar en la propia lengua. En estos poemas, el lector asiste no solo al Faulkner menos conocido —el poeta—, sino también al Marías traductor, atento al ritmo, a la ambigüedad, a la respiración del verso. La traducción se convierte así en una prolongación natural del ensayo.

El tono del libro es el que define a Javier Marías en sus mejores textos reflexivos: una mezcla de ironía suave, precisión conceptual y una melancolía que nunca se declara del todo. No hay solemnidad impostada ni fervor ciego. Hay, en cambio, una voluntad clara de comprensión. Javier Marías no idealiza a Faulkner; lo observa y se detiene en sus manías, en sus silencios, en su relación problemática con la fama y con su propio país. El Mississippi de Faulkner no es solo un territorio literario, sino un espacio físico y moral que el libro recorre también a través de las “Notas de viaje por Faulkner, Mississippi”, de Manuel Rodríguez Rivero, que complementan el volumen con una dimensión casi topográfica del homenaje.

Lo que emerge de Si yo amaneciera otra vez es una reflexión más amplia sobre la literatura misma. Sobre cómo se construye una voz, sobre el precio de la ambición estética, sobre la relación entre vida y obra. Javier Marías vuelve una y otra vez a esa idea que recorre toda su trayectoria: que escribir no es explicar el mundo, sino complicarlo; no aclarar la experiencia, sino hacerla más honda. En Faulkner encuentra el ejemplo extremo de esa ética literaria, alguien que llevó la complejidad hasta el límite, incluso a costa de la incomprensión.

El título del libro es la traducción que hace Javier Marías de uno de los versos de un poema extraído de A Green Bough:

If there be grief, then let it be but rain,
And this but silver grief for grieving’s sake,
If these green woods be dreaming here to wake
Within my heart, if I should rouse again.
But I shall sleep, for where is any death
While in these blue hills slumbrous overhead
I’m rooted like a tree? Though I be dead,
This earth that holds me fast will find me breath.

Y su versión traducida por Javier Marías:

Si hay dolor, que sea sólo lluvia,
y ésta sólo dolor de plata por el dolor en sí,
si estos verdes bosques sueñan aquí para despertar
en mi corazón, si yo amaneciera otra vez.
Pero dormiré, pues ¿dónde hay muerte
mientras en estas azules y soñolientas colinas de lo alto
tenga yo como el árbol mi raíz? Aunque esté muerto,
esta tierra que se agarra a mí me encontrará el aliento.

Este libro es también una pieza clave para entender al propio Javier Marías. En su manera de leer a Faulkner se transparenta su propia poética: la atención obsesiva al tiempo, a la memoria, a las voces que se superponen, a lo que se dice y a lo que se calla. Si yo amaneciera otra vez no es solo un tributo a un maestro, sino una confesión indirecta, una forma de decir de dónde viene una manera de escribir y de pensar la literatura.

No es un libro para lectores apresurados ni para quienes busquen una introducción simplificada a Faulkner. Es, más bien, una conversación entre escritores, ofrecida generosamente al lector atento. Un libro que se lee con la sensación de estar escuchando a alguien que sabe mucho, que ha leído mucho, y que todavía sigue haciéndose preguntas. Y quizá ahí radique su mayor valor: en recordarnos que la verdadera admiración literaria no consiste en repetir nombres sagrados, sino en volver a ellos una y otra vez, como si amaneciéramos, de nuevo, ante sus páginas.

Si yo amaneciera otra vez. Javier Marías. Alfaguara.

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Acerca de Jaime Molina

Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014), Días para morir en el paraíso (2016), Camino sin señalizar (2022) y El sicario del Sacromonte (2024).

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