Roque Dalton (1935–1975)
Roque Dalton fue una figura única en la poesía latinoamericana del siglo XX. Militante revolucionario, lúcido pensador, poeta apasionado, su voz nunca fue ajena al compromiso ni al desgarro. Su poesía, marcada por el humor, la ternura, el delirio y la crítica feroz, funde el lirismo con la historia, el amor con la rabia, el yo íntimo con el nosotros colectivo. En muchos sentidos, Dalton fue un loco lúcido: el que mira desde afuera y por eso ve más hondo.
El poema “A los locos no nos quedan bien los nombres” es uno de sus textos más delicados y dolientes, una meditación lírica sobre la marginalidad, la pérdida del lenguaje y la fractura de la identidad. Pero también es una defensa, velada y serena, de quienes viven en los márgenes —por enfermedad, por dolor, por rebeldía— y que, aun así, también merecen la poesía.
A los locos no nos quedan bien los nombres
Roque Dalton
A los locos no nos quedan bien los nombres.
Los demás seres
llevan sus nombres como vestidos nuevos,
los balbucean al fundar amigos,
los hacen imprimir en tarjetitas blancas
que luego van de mano en mano
con la alegría de las cosas simples.
Y qué alegría muestran los Alfredos, los Antonios,
los pobres Juanes y los taciturnos Sergios,
los Alejandros con olor a mar!
Todos extienden, desde la misma garganta con que cantan
sus nombres envidiables como banderas bélicas,
tus nombres que se quedan en la tierra sonando
aunque ellos con sus huesos se vayan a la sombra.
Pero los locos, ay señor, los locos
que de tanto olvidar nos asfixiamos,
los pobres locos que hasta la risa confundimos
y a quienes la alegría se nos llena de lágrimas,
cómo vamos a andar con los nombres a rastras,
cuidándolos,
puliéndolos como mínimos animales de plata,
viendo con estos ojos que ni el sueño somete
que no se pierdan entre el polvo que nos halaga y odia?
Los locos no podemos anhelar que nos nombren
pero también lo olvidaremos…
Una elegía para los que viven en los márgenes
El poema se construye desde una oposición íntima y feroz: los otros —los sanos, los integrados— tienen nombres que celebran, intercambian, llevan como trajes festivos. En cambio, “los locos” son seres rotos, sin historia, sin idioma. Roque Dalton, con la ternura trágica que lo caracteriza, enuncia una verdad desgarradora: la identidad, que comienza por el nombre, es un privilegio que no todos pueden sostener.
El tono del poema es confesional, pero también colectivo. “A los locos no nos quedan bien los nombres” no habla solo del desequilibrio mental; habla del exilio interior, del desarraigo, del dolor tan hondo que borra hasta el nombre propio. Los locos, como los poetas, los marginados, los derrotados de la historia, no tienen un lugar fijo en el lenguaje. Por eso no son nombrados. O, si lo son, no pueden recordar.
Hay una compasión infinita en la forma en que Dalton describe a “los pobres locos que hasta la risa confundimos”. El poema es casi una súplica, pero sin dramatismo. La voz que habla acepta el olvido como quien acepta una condición natural: “los locos no podemos anhelar que nos nombren / pero también lo olvidaremos…”. El olvido es refugio, es condena, es redención.
Dalton escribió este poema sabiendo que el lenguaje —como la cordura— es una construcción frágil, y que no todos acceden a ella en igualdad de condiciones. Lo que aquí se cuestiona no es solo la locura, sino el mundo que margina a quien no puede nombrarse a sí mismo con firmeza, con orgullo, con pertenencia.
“A los locos no nos quedan bien los nombres” es, entonces, un poema sobre la fragilidad humana. Pero también sobre la posibilidad de una dignidad diferente: la de quienes viven al margen del discurso oficial, y aun así, son capaces de dejar un temblor, una huella, un murmullo que no se borra.
Cicutadry Reseñas y Recomendaciones literarias, cinematográficas y musicales
