Legión y El alma del emperador, de Brandon Sanderson: entre la mente y el mundo

Portada de Legión y El alma del emperador, de Brandon Sanderson

Brandon Sanderson es conocido sobre todo por sus grandes sagas: mundos elaborados al detalle, magias con reglas precisas y tramas entrelazadas que se extienden durante miles de páginas. Sin embargo, hay una parte más contenida de su obra, más íntima, que explora con igual pericia temas fundamentales desde formatos breves. Dos ejemplos brillantes son Legión y El alma del emperador, novelas cortas que no comparten universo pero sí una inquietud común: ¿qué es la identidad?, ¿cómo percibimos la realidad?, ¿puede la mente modificar el mundo?

En Legión, Brandon Sanderson se aleja de la épica fantástica y nos presenta a Stephen Leeds, un genio polifacético que suple sus carencias cognitivas inventando «aspectos»: alucinaciones plenamente desarrolladas con las que convive, cada una especializada en un área del conocimiento. Leeds no tiene las respuestas, pero su equipo de alucinaciones sí. Este artificio es más que un recurso narrativo: se convierte en una metáfora potente sobre la fragmentación del yo, sobre la forma en que la mente moderna necesita dividirse para abarcar la complejidad del mundo.

La trama se construye como una historia de misterio de ritmo ágil: la desaparición de un científico que ha desarrollado una cámara capaz de fotografiar el pasado —un artilugio imposible según las leyes conocidas— sirve de detonante. Pero más allá del suspense, lo interesante es cómo Brandon Sanderson juega con los límites de la percepción y la cordura. Leeds es un protagonista peculiar: brillante, irónico, vulnerable, pero en constante huida de una estabilidad que no desea. El talento de Brandon Sanderson reside en que, con una escritura funcional pero precisa, nunca presenta su excentricidad de modo burlón, sino como una forma válida de habitar un mundo que exige saber de todo, responder rápido y vivir rodeado de simulacros.

Si el relato anterior resulta interesante, El alma del emperador, por su parte, es muy superior en todos los aspectos: literariamente, en cuanto a la construcción de los personajes y también respecto al interés y la profundidad de la trama.

El alma del emperador es una novela corta ambientada en el cosmoverso de Sanderson que parte de una premisa sencilla pero radical: Shai, una falsificadora de almas, es capturada y obligada a llevar a cabo la mayor falsificación de todas: recrear el alma del emperador, que ha quedado en estado vegetativo tras un intento de asesinato. Tiene cien días para lograrlo. El reto no es solo técnico: debe conocer al hombre al que nunca ha tratado y reinventarlo desde la falsedad.

Aquí la magia se expresa a través de un arte minucioso, más cercana al grabado que a la varita. Falsificar un objeto es conocer su historia, sus usos, su entorno; falsificar un alma implica una comprensión total del ser. La novela se convierte así en una meditación sobre la autenticidad, la creación artística y la moralidad del artificio. ¿Qué es más real: un alma reconstruida a partir del estudio meticuloso, o la persona que fue antes de caer? ¿Dónde está la verdad: en la experiencia o en la coherencia de su relato?

Shai, con su mente analítica y su necesidad de justificar lo que hace desde una ética propia, es una figura memorable. A través de ella, Brandon Sanderson plantea un tipo de heroísmo silencioso, sin batallas ni épicas grandilocuentes, sino en el acto de comprender al otro hasta el extremo de poder imaginar su vida mejor que él mismo.

Leídas en paralelo, Legión y El alma del emperador forman un díptico inesperado: uno indaga en la pluralidad interna, el otro en la construcción externa del ser. Leeds necesita inventarse acompañantes para funcionar; Shai reconstruye un alma para que otro ser funcione. Ambos protagonistas se mueven en la cuerda floja entre lo real y lo simulado, entre lo que se es y lo que se parece ser. En ambos casos, Brandon Sanderson se aleja de las grandes gestas para adentrarse en el misterio más inabarcable de todos: el de la identidad.

Con estos relatos, el autor demuestra que su talento no depende de la extensión ni de los fuegos artificiales del género. La fantasía, aquí, no es el fin, sino el medio para hablar de lo más humano. Y eso, en tiempos donde todo parece medirse en escalas, no deja de ser un acto de valentía narrativa.

Legión y El alma del emperador. Brandon Sanderson. Fantascy.

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Acerca de Jaime Molina

Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014), Días para morir en el paraíso (2016), Camino sin señalizar (2022) y El sicario del Sacromonte (2024).

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