Una muerte en la familia nos muestra la tragedia cotidiana contada con una ternura implacable. Con una contención y con una elegancia impresionantes, James Agee culmina un libro que, más que leerse, se respira.
Publicada de forma póstuma en 1957, dos años después de la muerte del autor, Una muerte en la familia es una obra de una delicadeza inusual, que habla del duelo sin grandes aspavientos, sin excesos, sin falsas catarsis. Simplemente está ahí, como la pérdida que describe, ocupando un lugar en la vida de quien lo lee, dejando una impresión persistente, como si nos hubiéramos asomado durante unas horas al interior de una casa donde acaba de caer la desgracia.
La historia, basada en la propia experiencia de Agee, es mínima: la repentina muerte de un padre, Jay Follet, en un accidente de coche mientras regresa a su hogar, y el efecto que esa pérdida tiene en su esposa Mary, sus dos hijos pequeños, y el resto de su familia. La acción transcurre en Knoxville, Tennessee, en los años 1910. Podría parecer un suceso sin especial relevancia fuera del ámbito íntimo, y sin embargo, Agee consigue que cada movimiento, cada palabra apenas susurrada, cada pausa en el habla de los personajes, cobre un sentido estremecedor.
La muerte irrumpe de forma brutal, como lo hace siempre en la vida real: sin previo aviso, en mitad de una tarde cualquiera. Jay ha salido a visitar a su padre enfermo y no regresa. Su hijo mayor, Rufus, un niño sensible, inteligente y algo inseguro, se convierte entonces en el corazón emocional de la novela. A través de sus ojos percibimos la confusión del mundo adulto, el desconcierto que provoca el dolor, el desconcierto aún mayor que provoca el silencio con que los adultos intentan proteger a los niños de la verdad.
Una de las virtudes más notables del libro es su estructura, profundamente musical. La novela avanza como si fuera una pieza de cámara, alternando fragmentos narrativos con monólogos interiores, recuerdos, impresiones sensoriales que se deslizan como ondas en el agua. La prosa de Agee es hipnótica, capaz de detenerse durante páginas en la descripción de un pensamiento fugaz o en la forma en que la luz entra en una habitación, pero sin caer jamás en el esteticismo vacío. Lo que hay es una fidelidad absoluta al momento, una especie de respeto radical por la complejidad de las emociones humanas.
Agee no juzga a sus personajes. Mary, la madre creyente y serena, reacciona con un temple que desconcierta. La tía Hannah, hermana de Jay, intenta mantener la compostura pero se resquebraja por dentro. Incluso los personajes más secundarios, como los vecinos o los familiares que acuden al velorio, están trazados con una precisión empática admirable. Nadie queda reducido a un papel. Todos son fragmentos de una comunidad golpeada por una tragedia que no necesita gritar para doler.
Pero es en los pasajes donde Rufus observa el mundo —el colegio, la calle, el funeral, su propia madre— donde la novela alcanza su altura más conmovedora. Porque lo que Agee retrata no es solo la pérdida del padre, sino la pérdida de una cierta inocencia, el paso imperceptible hacia una conciencia que duele. El niño no entiende todo lo que ocurre, pero percibe que algo ha cambiado para siempre, que hay un abismo nuevo entre lo que siente y lo que los demás están dispuestos a compartir.
Leer Una muerte en la familia es asistir a un duelo sin melodrama, es recordar que la vida no se detiene cuando alguien muere, pero tampoco sigue igual. Es una elegía sin aspavientos, donde cada frase parece decir: así es como sucede, así es como uno sobrevive. Una novela que no ofrece consuelo fácil, pero sí una forma de estar en el mundo más atenta, más humilde, más consciente del amor y de su pérdida.
James Agee no llegó a ver publicada esta obra, y sin embargo dejó en ella un testamento íntimo, una ofrenda a su propio pasado. Leerla es un acto de recogimiento, casi de oración. Y al cerrar sus páginas, uno siente que ha sido tocado por algo profundamente humano, inexplicable y necesario: el rumor persistente de lo que se ha ido y que, sin embargo, no nos abandona del todo.
Una muerte en la familia. James Agee. Alianza Editorial.
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