La historia interminable, de Michael Ende: la frontera luminosa entre la fantasía y la realidad

Portada de La historia interminable, de Michael Ende

La historia interminable, publicada en 1979 por el escritor alemán Michael Ende, es una novela que desafía toda clasificación sencilla: no es solo un libro para niños ni exclusivamente para adultos; no es solamente una fantasía heroica ni únicamente una reflexión sobre la imaginación y la identidad. Su título ya lo dice todo: es una historia que nunca termina, porque cada lector la recrea y la amplía con sus propios deseos y sueños.

La trama comienza con un niño tímido y solitario, Bastián Baltasar Bux, que se refugia en la librería del señor Koreander para escapar de sus compañeros de clase y de una vida familiar llena de silencios. Allí encuentra un libro misterioso: La historia interminable. Desde las primeras páginas, Bastián queda hechizado y se sumerge en un mundo que no tarda en absorberlo por completo.

Ese mundo es Fantasía, un reino donde la Nada avanza, devorando paisajes y seres mágicos. La Emperatriz Infantil, símbolo de la armonía y la creatividad, está moribunda, y el joven Atreyu, elegido por ella, emprende una misión para salvarla. Hasta ahí, la novela parece un clásico relato de aventuras: un héroe joven, un reino en peligro, pruebas épicas. Sin embargo, Michael Ende va mucho más allá.

La verdadera magia surge cuando Bastián se convierte en un personaje de la historia que lee. Su viaje a Fantasía no es una mera evasión: es una inmersión en sus propios deseos y temores más íntimos. Poco a poco, Bastián deja de ser el lector pasivo para transformarse en un creador. Con cada uno de sus deseos, remodela Fantasía, pero también pierde partes esenciales de sí mismo. El precio del poder imaginativo es alto, y la novela se convierte en un espejo de la condición humana: la tensión constante entre la fantasía como liberación y como trampa.

Ende escribe con una claridad poética que da a la novela un aire de cuento antiguo y, al mismo tiempo, la envuelve en un aura de modernidad. Los escenarios y personajes —el valiente Atreyu, el dragón de la suerte Fújur, la tristeza de Morla la tortuga, el oráculo de Uyulala— son tan inolvidables como las ilustraciones con las que muchas ediciones acompañan el texto. El juego tipográfico, con dos colores de tinta para distinguir los dos mundos, convierte el propio objeto libro en parte de la experiencia mágica: la frontera entre realidad y fantasía no está solo en las palabras, sino en la materialidad del libro mismo.

Uno de los grandes temas de La historia interminable es el poder de la imaginación. Fantasía existe porque los seres humanos sueñan. Cuando la gente deja de soñar, la Nada avanza. Esta metáfora sigue siendo hoy tan poderosa como entonces: la imaginación no es un lujo, sino un modo de resistencia. Sin ella, el mundo se convierte en un lugar gris, sin sentido.

Pero Ende también advierte del peligro de la fantasía cuando se usa solo para huir: Bastián debe aprender a regresar a su mundo, a reconciliar lo que ha aprendido en Fantasía con la realidad. El regreso, y no la huida sin fin, es la verdadera aventura. Al final, el libro sugiere que la fantasía y la vida real no son opuestas, sino complementarias: solo quien imagina puede transformar el mundo real y sin el mundo real, sin los recuerdos, no se puede desear ni imaginar nada nuevo.

Leída hoy, La historia interminable mantiene intacta su fuerza evocadora. Quizá porque todos llevamos dentro un Bastián que quiere ser otro, un Atreyu que quiere salvar algo hermoso, y un mundo —nuestro mundo— que necesita desesperadamente de nuevas historias y del poder de la imaginación para seguir siendo habitable.

Ende nos dejó un recordatorio: las historias no terminan nunca porque los sueños no terminan nunca. Y en cada relectura, La historia interminable vuelve a ser un viaje personal y único, que solo acaba cuando decidimos —como Bastián— escribir la nuestra propia. Una novela para volver a cada edad, para escuchar su latido profundo y, sobre todo, para recordar que, sin fantasía, la vida se convierte en Nada.

La historia interminable. Michael Ende. Alfaguara.

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Acerca de Jaime Molina

Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014), Días para morir en el paraíso (2016), Camino sin señalizar (2022) y El sicario del Sacromonte (2024).

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