Soy la daga y soy la herida, de Laura Restrepo: la conciencia del verdugo

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Hay novelas que no describen la violencia desde fuera, sino que obligan al lector a habitarla desde su interior más incómodo. Soy la daga y soy la herida (2025), de Laura Restrepo, pertenece a esa categoría: no se limita a mostrar el daño, sino que lo encarna en una voz que lo ejecuta, lo piensa y, finalmente, lo cuestiona.

El protagonista —y narrador— es Misericordia Dagger, un verdugo profesional al servicio de una entidad superior, Abismo, una especie de dios caprichoso que decide sobre la vida y la muerte. Dagger es eficaz, metódico, casi artístico en su manera de matar: un ejecutor que entiende su oficio como una técnica precisa, sin espacio para la duda. Pero esa lógica se resquebraja cuando se enamora de Dix, la nieta de una de sus futuras víctimas, un acontecimiento que introduce una fisura en un sistema que parecía perfecto.

A partir de ese punto, la novela se despliega como una tensión constante entre obediencia y ruptura. Dagger no es un personaje atormentado en el sentido clásico: su conflicto no nace de la culpa, sino de la aparición de algo que su mundo no puede absorber —el afecto, la fragilidad, la posibilidad de no matar. Esa duda, mínima pero irreversible, es lo que convierte la historia en algo más que un relato criminal. Es el inicio de una conciencia.

Laura Restrepo construye esta trayectoria en un registro que mezcla la alegoría política con la fábula oscura. Abismo no es solo un dios ficticio, sino una representación del poder absoluto, arbitrario y violento que atraviesa la historia contemporánea. La novela funciona así como una sátira —o una parodia feroz— de los sistemas autoritarios, de esa maquinaria que convierte la muerte en rutina y el horror en procedimiento.

Pero lo más inquietante no es la crítica externa, sino la interiorización del sistema. Dagger no cuestiona el orden porque sea injusto, sino porque algo en él empieza a fallar. La novela no opone buenos y malos, sino que sitúa al lector en un territorio donde la violencia es estructural y la conciencia aparece como un accidente. En ese sentido, la pregunta que recorre el libro no es quién mata, sino quién puede dejar de hacerlo.

El estilo de Laura Restrepo refuerza esa ambigüedad. La narración adopta un tono cercano al de la novela gráfica o el monólogo vertiginoso, con una sucesión de imágenes intensas, casi visuales, que se encadenan con rapidez. Hay en la prosa una mezcla deliberada de registros: referencias cultas y cultura popular, ironía y lirismo, brutalidad y humor. Esa hibridación no es gratuita: responde a la intención de captar un mundo donde lo grotesco y lo trágico conviven sin jerarquía, donde la violencia se ha vuelto espectáculo y rutina al mismo tiempo.

La estructura, fragmentaria y dinámica, acompaña ese movimiento. No hay una progresión lineal clásica, sino una acumulación de escenas, pensamientos y episodios que reflejan la conciencia del protagonista. La historia avanza por intensificación más que por desarrollo: cada paso no aclara, sino que complica.

Al final, lo que queda es una sensación incómoda pero lúcida. Soy la daga y soy la herida no ofrece redención clara ni salida moral. Lo que propone es otra cosa: mirar de frente la violencia contemporánea y reconocer hasta qué punto nos atraviesa, nos constituye o nos adormece. La novela no pregunta si somos víctimas o verdugos, sino en qué momento dejamos de distinguir entre ambos.

Y en ese desplazamiento —del juicio a la implicación— reside su verdadera fuerza. Porque la herida no está solo en quien la recibe. También en quien la provoca. Y quizá, como sugiere Laura Restrepo, en el mundo que permite que ambas cosas ocurran sin interrupción.

Soy la daga y soy la herida. Laura Restrepo. Alfaguara.

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Acerca de Jaime Molina

Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014), Días para morir en el paraíso (2016), Camino sin señalizar (2022) y El sicario del Sacromonte (2024).

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