Ernesto Cardenal (1925–2020)
Ernesto Cardenal fue muchas cosas: sacerdote, teólogo, revolucionario, poeta y místico. Pero, sobre todo, fue un hombre que buscó en la palabra una forma de justicia. Su obra poética —fértil, audaz, profundamente política— llevó a la literatura de Nicaragua y de América Latina una conciencia nueva: que el verso no solo podía cantar, sino denunciar; no solo conmover, sino transformar. La poesía, en Cardenal, es rezo y combate. Y si bien su voz brota del salterio bíblico, sus enemigos no son los antiguos pueblos paganos, sino los modernos poderes que oprimen y mienten.
El poema “Escucha mis palabras oh Señor…”, escrito en forma de salmo contemporáneo, es un ejemplo magistral de cómo Cardenal supo mezclar la plegaria sagrada con la denuncia histórica. El resultado es un poema desgarrado y claro, de una belleza directa, sin ornamento, cuya fuerza nace de su sinceridad y su valentía.
Escucha mis palabras oh Señor…
Ernesto Cardenal
Escucha mis palabras oh Señor
Oye mis gemidos
Escucha mi protesta
Porque no eres tú un Dios amigo de los dictadores
ni partidario de su política
ni te influencia la propaganda
ni estás en sociedad con el gángster.
No existe sinceridad en sus discursos
ni en sus declaraciones de prensa
Hablan de paz en sus discursos
mientras aumentan su producción de guerra
Hablan de paz en las Conferencias de Paz
y en secreto se preparan para la guerra
Sus radios mentirosos rugen toda la noche
Sus escritorios están llenos de planes criminales
y expedientes siniestros
Pero tú me salvarás de sus planes
Hablan con la boca de las ametralladoras
sus lenguas relucientes
son las bayonetas…
Castígalos oh Dios
malogra su política
confunde sus memorándums
impide sus programas
A la hora de la Sirena de Alarma
tú estarás conmigo
tú serás mi refugio el día de la Bomba
Al que no cree en la mentira de sus anuncios comerciales
ni en sus campañas publicitarias, ni en sus campañas políticas
tú lo bendices
lo rodeas con tu amor
como con tanques blindados.
El salmo como protesta
Desde los primeros versos, el poema se apropia del tono bíblico del Salmo 5 (“Escucha mis palabras, Señor, considera mis gemidos…”) para transformarlo en un grito del presente. Pero aquí no hay enemigos abstractos: hay dictadores, propagandas, memorándums, campañas comerciales y políticas. La plegaria se vuelve explícita, situada. El poema denuncia no solo a los opresores visibles, sino también a los mecanismos invisibles del poder: la mentira institucionalizada, la maquinaria de guerra disfrazada de paz.
El hablante poético no pide consuelo: exige justicia. Y la confianza en Dios no es evasión sino resistencia. Dios no está “en sociedad con el gángster”; Dios está con los que se niegan a creer en la mentira, con los que no aceptan la lógica del miedo ni los cantos de sirena del consumo. Esta inversión radical del discurso religioso —ya no al servicio del poder, sino al margen de él— es lo que convierte este poema en un acto revolucionario.
Cada imagen es precisa y simbólica: “sus lenguas relucientes son las bayonetas”, “tú serás mi refugio el día de la Bomba”, “como con tanques blindados”. El lenguaje de la guerra, que normalmente pertenece a los agresores, es reconvertido por la fe en protección. El poema no teme nombrar el terror —las sirenas, las bombas, los expedientes siniestros— pero tampoco renuncia a la esperanza.
Cardenal habla por los silenciados, y también a los creyentes que han perdido su fe en una religión cómplice del poder. Les ofrece otra posibilidad: una espiritualidad subversiva, donde la oración es también insumisión. El poema concluye como un escudo: los que resisten serán bendecidos, blindados por el amor.
Ernesto Cardenal supo que la poesía no solo puede ser belleza, sino también herramienta. En este poema, su palabra es trinchera y altar, denuncia y consuelo, Biblia y manifiesto. Un llamado a no callar, incluso —y sobre todo— cuando tiemblan las ciudades.
Cicutadry Reseñas y Recomendaciones literarias, cinematográficas y musicales
