Gioconda Belli (1948)
Gioconda Belli, poeta, narradora y figura central de la literatura nicaragüense contemporánea, ha sido siempre una voz indócil y luminosa, capaz de fundir lo íntimo y lo político con una energía verbal desbordante. En “Reunión de poetas en Granada”, Belli despliega su fuerza interrogativa con una crudeza lírica que interroga al mundo, al lenguaje y a la poesía misma desde el corazón de una ciudad con resonancias fundacionales.
Reunión de poetas en Granada
Gioconda Belli
Reunión de poetas en Granada
La bandada de pájaros desciende sobre la ciudad
En las plazas la palabra se desnuda como una flor al amanecer
Díganme poetas del mundo
¿Cuál es el sentido de la vida?
He vivido arroyos de años
aguas vivas y ardientes
que me han dejado la piel suave como piedra pulida
El refugio de la poesía
ha sido para mí como la capa invisible de Harry Potter
para moverme entre los escenarios del mundo
con cara de ausente
o de mujer enamorada
Pero díganme, poetas,
en esta sucesión de años-volcán que hemos vivido
cuando la carroña nos rodea y nos acecha
no es acaso la lira un instrumento tenue y anacrónico
¿no somos acaso sobrevivientes del soñar,
ilusos románticos creyendo en los conejos de los magos?
¿Qué mundo es éste que hemos creado
descalabrado y desapalabrado
un mundo lleno de boquetes
por donde caen los indefensos
abismos que se abren como si la tierra buena
se hubiese tornado en fiera
y abriera sus fauces constantes
para tragarnos?
¿Cómo podrá una sucesión de palabras
de meditaciones
de versos enhebrados con fina aguja
crear la red para salvar a los incautos?
¿Qué tiempo es éste donde todos se oyen
mientras nadie escucha?
Tiempo de correos electrónicos de celulares de computadoras
de voces que van y vienen sin respeto a la geografía
el mundo como un pañuelo
–sólo que un pañuelo ensangrentado?
He sido la mujer de esperanzas
de viva voz de pasiones tremendas
de impulsos sin freno
A todas partes me he aventado
con los botones de la blusa abiertos
para que el viento me enseñara sus secretos
pero en el medio del camino de la vida
no hay Virgilio que me lleve a conocer
lo que yace en el submundo de los corazones
y he dejado de pensar que sé leer los augurios en las cartas
porque nada es ya predecible, ni calculable,
y lo que antes no tenía precio
se vende ahora en los pasillos,
mercadería que se anuncia
sin vergüenza y a gritos
Díganme poetas, pájaros que cayeron del cielo aquí en Granada
¿Dónde vamos con toda esta poesía a cuestas?
¿Cuál es el sentido de la vida?
Poesía en estado de urgencia
Este poema de Gioconda Belli es un llamado frontal, una interrogación lanzada a todos los puntos cardinales de la poesía. Su tono recuerda una asamblea antigua, casi órfica, en la que las palabras no sirven ya como ornamento sino como acto desesperado de comunión y búsqueda. “¿Cuál es el sentido de la vida?” —pregunta Belli desde el centro de Granada, pero el eco resuena mucho más allá, como si convocara a una ética poética global.
La fuerza del poema reside en su conciencia de época, en la manera en que expone las contradicciones de un mundo saturado de comunicación, pero escaso de escucha. Frente a esa realidad caótica y desbordada, el poema se erige no como respuesta, sino como una forma de resistencia: un canto que no elude el desengaño, pero tampoco renuncia al asombro.
Gioconda Belli habla como quien ha vivido intensamente —y lo ha hecho—, y por eso sus versos respiran biografía, ironía, cansancio, amor y perplejidad. Las referencias al mercado, a la digitalización de la voz, a la prostitución simbólica del sentido, no cancelan su fe en la poesía; al contrario: la ponen en jaque para exigirle otra forma de eficacia, otro tipo de verdad.
La imagen de los “poetas como pájaros caídos del cielo” no es menor: hay en ellos algo de lo celestial, pero también de lo extraviado. Y en esa ambigüedad Gioconda Belli traza una figura del poeta contemporáneo: alguien que no se resigna, que sigue cargando su lirismo como una mochila llena de dudas, heridas y esperanzas.
Como todo gran poema, Reunión de poetas en Granada es más una pregunta que una afirmación, más un fuego que una forma. Y es también una confesión honesta de quien sigue creyendo en el poder de la palabra, aunque sepa que no basta. Porque quizá —como en los tiempos antiguos— la poesía no sea solución, pero sí una manera de no aceptar el mundo tal como está. Una forma, en suma, de seguir preguntando. Y de seguir vivos.
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