Viernes negro, de Davis Goodis: de pulp fiction a clásico de la novela negra

Portada de Viernes negro, de David Goodis

Fue en 1954 cuando se publicó la novela Viernes negro, obra de David Goodis, uno de los mejores autores de novela negra, que, sin embargo, fue infravalorado como un escritor de serie B y no llegó a alcanzar la notoriedad que debería. Su obra estuvo olvidada durante mucho tiempo, si bien muchas de sus novelas fueron  adaptadas al cine, y algunas de forma impecable. Por citar algunas: Senda tenebrosa, de Delmer Daves; Al caer la noche, de Jacques Tourneur; Disparad sobre el pianista, de François Truffaut; o Calle sin retorno, de Samuel Fuller.

La obra de David Goodis supuso un nuevo enfoque en la novela negra y hoy en día una novela como Viernes negro es considerada como un clásico del género, y en la actualidad sigue siendo incuestionable todo lo que esta novela supuso como novedad para un género literario que estaba destinado a evolucionar de forma drástica en años venideros.

Una historia distinta

Al Hart es acusado de un crimen y se ve obligado a huir de un tren dejando atrás su maleta. Solo le queda el traje que lleva puesto y, en su huida, acuciado por la policía, ni siquiera ha podido llevarse su abrigo. Así, decide pasear por la fría Filadelfia para evitar ser detenido. Tras robar un abrigo para guarecerse del frío invernal, se topa con un hombre herido de muerte.

Ese encuentro casual lo llevará a encontrarse con un grupo de ladrones que le obligan a convivir en su casa. Hart se ve forzado a quedarse con ellos esperando que para cuando pueda abandonar la casa, la policía  haya desistido de buscarlo.

Durante su estancia en la casa tendrá lugar un difícil, tenso y peligroso juego entre maleantes y Hart del que este aspira a salir airoso. Cuando Hart se gana la confianza del cabecilla, este lo invita a convertirse en parte de la banda, asegurándole que con ellos dejará atrás su mala suerte.

Hart, tras una serie de malas rachas encadenadas, decide probar suerte al no tener, aparentemente, nada que perder. Sin embargo, su objetivo real es permanecer escondido algunas semanas hasta que pueda salir sin riesgo de ser detenido. Pero nada será tan fácil como parece.

Un estilo muy personal

Si bien las primeras páginas están escritas de forma casi automática, en cuanto Al entra en la casa de sus nuevos compañeros todo se frena. No en vano, es entre sus cuatro paredes donde transcurre casi toda la acción de Viernes negro. La sensación de ahogo es enorme, al transmitir cada línea la preocupación de Hart por integrarse en un grupo del que quiere escapar, pero del que ha comenzado a conocer parte de sus secretos.

Para mantener el equilibrio, David Goodis usa a Charly, el líder de la banda, que pasa de ser un delincuente valiente con todo tipo de recursos a mostrar ciertas debilidades como consecuencia de su ritmo de vida. El resto de personajes también juegan un papel importante en esta partida de ajedrez, en la que cada movimiento ayuda a mantener la atención del lector hasta el final.

Así, Frieda, la amante de Charly, Myrna, el peligroso Mattone o el pasivo Rizzio forman un universo casi paralelo en el que Al no parece encajar del todo. Es cuando comenta cuál es el delito que se le imputa cuando parece ganarse el respeto del resto. Que todo transcurra en un viernes 13 implica que la superstición haga acto de presencia. Nadie entiende por qué Al, con estudios y con la opción de trabajar, se ha visto inmerso en una situación así.

En lo que respecta al empleo de recursos estilísticos, se reduce prácticamente a algunas metáforas y comparaciones. Goodis tiene claro que la historia es dura y que hay que presentarla sin adulterar, sin lijar y de forma directa para generar sensaciones encontradas en quien la lea. De este modo, la espiral en la que todos los personajes se ven inmersos termina por alterar la trama y por dejar un amargo sabor de boca a quien lee la obra.

Una apuesta inconsciente

Si bien el autor está considerado como uno de los mejores de novela negra, no es menos cierto que fue su intuición la que permitió crear novelas como esta. Gracias a múltiples reediciones, e incluso a la adaptación cinematográfica de 1972, la muerte de Goodis supuso el inicio de una puesta en valor de su aporte a la literatura policíaca.

La división de opiniones es evidente. Los críticos literarios opinan que esta obra es una más del género pulp que tanto cultivó el escritor. Los lectores consideran que es una obra maestra. Que siga provocando controversia tantas décadas después confirma el innegable valor literario de una propuesta que esconde mucho más de lo que parece a simple vista. Quizá fuera una prueba del autor para salirse de la norma, quizá no supo enfocar la historia de otra manera. Sea como sea, su lectura sigue siendo altamente recomendable.

Viernes negro. Davis Goodis. Editorial Júcar.

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Acerca de Jaime Molina

Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014), Días para morir en el paraíso (2016) y Camino sin señalizar (2022).

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