Poetas de Paraguay: José Luis Appleyard

José Luis Appleyard (1927–1998)

José Luis Appleyard

José Luis Appleyard fue uno de los grandes poetas de Paraguay, miembro destacado de la llamada Generación del 50. Su poesía, marcada por la reflexión existencial, el lenguaje sobrio y una constante tensión entre lo íntimo y lo social, ofrece una mirada honda sobre la condición humana. A menudo el dolor, la pérdida y la memoria se entretejen con una serena —pero no resignada— lucidez.

En su poema “Me duelen las palabras”, Appleyard nos entrega una suerte de manifiesto interior sobre el lenguaje como herida. Las palabras, que debieran ser herramienta de encuentro y sentido, se vuelven traición, mentira, violencia. El poema es tanto una denuncia como una confesión: hay algo roto en el lenguaje, y por tanto, en el mundo.


Me duelen las palabras

José Luis Appleyard

Me duelen las palabras,
se me incrusta el sonido de sus voces deshechas
cuando son sólo el cauce
del tributario río
que se vuelca en las ondas
serviles de un mar muerto.

Las palabras me duelen como duras espinas
cuando rompen mis carnes con ponzoñosa carga.
Me duelen cuando inventan un mundo fementido,
una escalera turbia de oscuras falsedades
y dan al verbo carga de túrpida falacia
y lo encierran en celdas
para que sólo digan
las falacias que muelen los trapiches del miedo.

Me duelen las palabras.

La voz que amaneciera en los claros oídos
de un niño que es distancia
se ha esfumado en sus ecos
y su puro sonido se ha torcido en el ronco
bramar que cotidiano acrece mi desprecio.

Y me vuelvo hacia mí
hacia ese mundo que ha abolido el ruido
donde, muerto en los labios,
el sentido del todo me ofrece su misterio.

Me duelen las palabras, las de todos los días,
las que mienten y matan.
Las palabras me duelen
y las callo evitando develar su secreto.

Me duelen las palabras,
me abruma su dicterio.


El idioma como herida

Desde el primer verso, el poema anuncia su verdad más dolorosa: “Me duelen las palabras”. No es un lamento retórico, sino una constatación profunda de que el lenguaje, en lugar de liberar o nombrar la belleza, hiere, miente, mata.

Appleyard construye su texto desde el desencanto. Las palabras, lejos de ser refugio o comunión, se han transformado en “espinas”, “ponzoña”, “falacia”. El verbo ha sido secuestrado, reducido a instrumento de miedo, a celda de lo que no puede decirse sino bajo censura. En una lectura más amplia, el poema resuena como una crítica al uso político del lenguaje, a las formas en que el poder desnaturaliza la verdad, disfrazándola de discurso oficial.

Pero hay también una dimensión más íntima. El yo poético —cansado, golpeado, lúcido— se aparta del ruido, se vuelve hacia sí mismo, buscando un silencio que no sea ausencia sino verdad. Ese gesto, de renuncia y resistencia al mismo tiempo, coloca al hablante en una especie de exilio interior, donde el lenguaje ya no es puente, sino muro.

Las palabras me duelen / y las callo evitando develar su secreto.” La renuncia a hablar no es cobardía, es una forma de preservar lo sagrado. Callar puede ser una manera de proteger lo que el lenguaje ha profanado. Y sin embargo, el poema existe: es palabra que denuncia el fracaso de la palabra. En esa paradoja —que sólo los grandes poetas saben sostener— vive la fuerza de este texto.

El final, con su “me abruma su dicterio”, carga sobre el lenguaje no sólo el peso del dolor, sino el de la injuria. Como si hablar fuera también condenar y ser condenado.

Con este poema, Appleyard se suma a esa tradición de poetas que —como Vallejo, Blanchot o Idea Vilariño— saben que escribir es, a veces, intentar con el lenguaje aquello que el lenguaje no puede dar. Lo que queda entonces es el estremecimiento, la verdad balbuceada, la herida aún abierta.

“Me duelen las palabras” no es sólo un poema; es una crónica del desengaño, un eco que nos recuerda que el idioma que usamos —si no es cuidado, si no es digno— puede volverse contra nosotros.

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Acerca de Jaime Molina

Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014), Días para morir en el paraíso (2016), Camino sin señalizar (2022) y El sicario del Sacromonte (2024).

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