Atando cabos, de Annie Proulx: la necesidad de reinventarse.

Por muy perdida y rota que se encuentre una persona, con confianza y tiempo puede reconstruirse. Annie Proulx pone todo su empeño literario en demostrar esta tesis en su novela Atando cabos, título bastante descriptivo para el tema de la novela  aunque su título original es The shipping news.

Y es que para Annie Proulx hasta la persona más incompetente del mundo, como es el caso de Quoyle, el protagonista de Atando cabos, puede reconstruir su vida, por perdido y desnortado que se encuentre.

El punto de ruptura

La historia comienza con la muerte de Pearl, la esposa de Quoyle. Una muerte que además se produce en un contexto doblemente trágico para el protagonista: primero, por haber sido en un accidente de tráfico y segundo, porque en el coche iba en compañía de su amante.

En esta situación, Quoyle, que no es precisamente un tipo con una portentosa capacidad de reacción, se queda viudo y con dos hijas, abrumado por el drama, confuso por considerarse un fracasado que aburría a su mujer, sin idea de lo que podrá hacer sin ella e incapaz de decirles a sus hijas que su madre ha muerto.

Su autoestima nunca fue alta. Su propia madre se lo hacía ver y lo consideraba un error de la naturaleza, el zigoto equivocado. Él se ve a sí mismo como un periodista de tercera, un hombre inseguro y acomplejado, con un pasado marcado por el suicidio de sus padres y un futuro incierto.

La huida

En esa situación de bloqueo Quoyle intenta huir de la confusión que lo abruma de la única manera que se le ocurre: dejar su piso en Nueva York para trasladarse hacia el remoto lugar de sus antepasados, una pequeña ciudad portuaria en la desolada y brumosa costa de Terranova.

Una vez en Terranova, Quoyle decide instalarse en la “Punta de los Quoyle”, el hogar de sus antepasados. Se trata de una casa que sus antepasados llevaron arrastrando por el hielo, atada con cabos, cuando sus vecinos los echaron de su población por ser violentos e indeseables.

El periódico

En esa casa vivirá con sus hijas y con su tía Agnes, hermana de su padre. Poco a poco el lugar comienza a influir en su ánimo. Quoyle se coloca en el periódico local, The Gammy Bird. El director le explica que para mantener el periódico en una población tan pequeña, necesita incluir noticias morbosas que atraigan al público: accidentes de tráfico, historias de abusos sexuales. Da igual que esas historias sean reales o inventadas. A Quoyle le asigna la labor de escribir artículos que den cuenta del movimiento portuario en la zona. Aunque Quoyle no tiene ni idea de barcos ni comprende la utilidad de ese tipo de noticias, acepta con tal de poder ganarse la vida.

Poco a poco, Quoyle irá trabando amistad con los redactores y con la gente del pueblo. Sus hijas comienzan a ir a la escuela. Su tía Agnes le revelará secretos familiares que él desconocía por completo. También conocerá a una mujer viuda de la que se irá enamorando paulatinamente.

La sanación

En un proceso lento y nada fácil, Quoyle irá sanando de sus heridas. Y lo más importante: llegará a aceptarse tal y como es. La recuperación del amor perdido y de las raíces familiares irá haciendo mella en su estado de ánimo hasta que Quoyle, al fin, conseguirá redimirse y podrá liberarse de sus fantasmas.

El entorno de Terranova, pese a su hostilidad y su dureza, resulta clave en ese proceso de recuperación. La naturaleza salvaje y el mundo de la navegación, arraigado en el entorno familiar de Quoyle, serán claves. El propio Quoyle, que no tiene ni idea de barcos, terminará comprándose uno para poder moverse por la isla y desempeñar así mejor su trabajo de redactor.

De una forma casi natural, el protagonista de Atando cabos hace literalmente lo que dice ese título, pues, al tener una embarcación, tiene que aprender a hacer nudos marineros. Esos nudos son en cierta forma una metáfora de los que hace el protagonista con su propia vida: engarzar pedazos rotos, encontrar su lugar en el mundo y, en fin, reinventarse.

Los nudos y el estilo de Annie Proulx

Annie Proulx, menciona en el prólogo que esta historia se inspiró en un libro que halló de forma casual: Libro de los nudos de Ashley. Hasta tal punto que cada capítulo de Atando cabos se inicia con la descripción de un nudo citado del mencionado libro, o un término del Diccionario marinero. Los nudos descritos vienen a ser el tema de cada capítulo y conectan con las peripecias de los personajes.

En Atando cabos Annie Proulx narra con un estilo que oscila entre el lirismo, acentuado en la descripción de paisajes, y la ironía que a veces roza el humor negro. En un entorno hostil, los personajes aparecen muy marcados por caracteres a veces exagerados pero que dan un contrapunto necesario a lo que, de otra forma, hubiese resultado un dramón.

En ese sentido, hay que destacar la habilidad narradora de Annie Proulx. No en vano Atando cabos fue galardonada, entre otros, por los prestigiosos premios Faulkner y Pulitzer.

Además, Atando cabos tuvo una interesante versión cinematográfica con un reparto de lujo: Kevin Spacey, Julianne Moore, Cate Blanchet y Judy Dench. Sin duda, otra oportunidad para poder disfrutar de esta historia, aunque en su versión visual.

Atando cabos. Annie Proulx. Tusquets.

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Acerca de Jaime Molina

Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014) y Días para morir en el paraíso (2016).

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