El juez y su verdugo, de Friedrich Dürrenmatt: el crimen sin castigo y el castigo sin crimen

Portada de El juez y su verdugo-Friedrich Durrenmatt

¿Qué respuesta da la justicia cuando no puede actuar contra un criminal? ¿Qué pasa si se tiene la certeza absoluta de que alguien ha cometido un crimen pero no hay suficientes pruebas para actuar contra él?

El dilema moral de la justicia

A Friedrich Dürrenmatt siempre le fascinaron las preguntas sobre los límites y las limitaciones de la justicia y El juez y el verdugo no es una excepción. No en vano, los dilemas morales en torno a la actuación de la justicia forman parte de muchas de sus novelas y piezas teatrales, siempre extraordinarias.

El punto de partida de El juez y el verdugo es el siguiente: dos hombres se conocen casualmente en el Estambul de comienzos del siglo XX. Mientras beben y conversan en una taberna judía, ambos exponen sus visiones del mundo, discrepan y descubren que sus formas de pensar son completamente contrapuestas. En plena borrachera hacen una apuesta: uno se dedicará a cometer crímenes que han de quedar impunes. El otro ha de intentar inculparlo de ellos. Lo que inicialmente se plantea como una broma absurda entre dos amigos que se han dejado llevar por los efluvios del alcohol, se convertirá desde la mañana siguiente en un desafío que los ligará el resto de sus vidas.

Como en su momento hicieron G. K. Chesterton y Graham Greene, Friedrich Dürrenmatt, proporcionó una nueva vida a la novela policíaca cualificada y, al mismo tiempo, con El juez y el verdugo añadió un perfil original a la nueva fuerza policial internacional: el comisario Bärlach, un detective marcado por la muerte.

Argumento de El juez y su verdugo

En un pequeño pueblo suizo, un policía es encontrado asesinado. Bärlach, un viejo comisario enfermo, amante de los cigarros, el vodka y la buena comida, investiga esta muerte, mientras lucha contra la suya, que es inminente. Su superior busca salvar la susceptibilidad de los notables locales, mientras que su ayudante, Tschanz, un pequeño policía andrajoso pero devorado por la ambición, intenta jugar sus propias cartas.

Las sospechas de Bärlach pronto se dirigen hacia Gastmann, un hombre rico de la zona, un hombre peligroso y sin escrúpulos a quien Bärlach conoce de su juventud y a quien nunca ha perdido la esperanza de capturar. Ahora finalmente ve una oportunidad.

En las sombras, el asesino, como Mefistófeles, habla del bien y del mal, que considera de iguales posibilidades… Al igual que en la pieza teatral titulada La avería, El juez y su verdugo se desarrolla en un contexto de intriga policial. Muerte y enfermedad forman un trágico díptico en el que se refleja la ridícula pantomima de la comedia humana.

Aspectos estilísticos de El juez y su verdugo

El juez y su verdugo representa el estilo más acabado del género policial cultivado por Friedrich Dürrenmatt. Se trata de un estilo esquemático, con una estructura cerebral, una trama rigurosa, y una incitación a la involucración del lector.

Esta novela sigue los cánones establecidos por el policial negro. El pensamiento profundo de Dürrenmatt se escapa de la boca de sus personajes y existe una especie de compromiso intelectual por parte del protagonista para restablecer el orden y la paz. En El Juez y su verdugo trama y argumento van de la mano. Es una historia lineal, pero logra mantener hábilmente la atención del lector hasta el final.

El lenguaje usado es muy formal y a veces muy lírico como sucede con las descripciones espaciales, de ambientes naturales. Asimismo, como suele suceder en las novelas de corte policial, hay un tono irónico que se usa para criticar la burocracia y la política. En este sentido, critica agudamente los avatares de la política (por ejemplo a través de la figura del Consejero nacional y coronel Von Schwendi), la inutilidad de los filósofos y la ceguera de los artistas y escritores a quienes los poderes políticos usan para sus fines.

Por otro lado, los personajes están caracterizados desde múltiples puntos de vista, sobre todo por sus acciones, pero también por opiniones del narrador, de otros personajes, por su descripción y su lenguaje.

Con su novela El juez y su verdugo, Friedrich Dürrenmatt nos ofrece un juego de espejos. Toda la historia se basa en oposiciones. Un viejo policía algo desilusionado frente a un joven y ambicioso ayudante con ganas de hacer carrera; defensores de una nueva policía científica, confusa con la evidencia irrefutable frente a los amantes de la investigación tradicional, paso a paso.

El bien y el mal en El juez y su verdugo

La trama es detectivesca pero la escritura también es una reflexión sobre los mecanismos de investigación, los márgenes de libertad que hay que dar, las presiones que hay que contener, la información que hay que tomar, compartir, manipular o desechar.

A través de una Suiza austera y a la vez seductora, Friedrich Dürrenmatt hace malabarismos con los distintos aspectos psicológicos de sus personajes y nos conduce a un desenlace que no dejará de cuestionar nuestro sentido de la justicia. Entre El juez y su verdugo, la comedia humana se juega, se vive, se pierde y muere, harta de sí misma y de sus reflexiones sobre el sentido de la palabra «justicia».

El mismo tema ya se toca en otros trabajos anteriores del autor, como en Promesas del comisario y también en trabajos posteriores, como La promesa o Justicia.En El juez y su verdugo, los personajes juegan un papel importante en la trama y cada uno es clave en las acciones de la historia, como en un juego de ajedrez, ya que esto se nota en los diálogos entre Bärlach y su viejo enemigo Gastmann a lo largo del libro. Este último afirma que los factores impredecibles permiten crímenes que nunca pueden revelarse; el comisario, por otro lado, que todos los crímenes tienen una debilidad precisamente en lo impredecible y deben eventualmente salir a la luz.

Así, Gastmann le dice a Bärlach:

“Tú sostenías una tesis basada en la imperfección humana, en el hecho que no es predecible el modo de actuar de otra persona con certeza y asegurabas que la casualidad, que se mezcla en todo, y que no acertamos a situar en nuestras reflexiones, es la causa que irremisiblemente saca a la luz la mayoría de los delitos. Dijiste que cometer un delito era una tontería, pero es imposible operar con las personas como si fueran piezas de ajedrez. Yo, en cambio, opuse la tesis… de que justamente lo intrincado de las relaciones humanas posibilitaba cometer delitos que no podían ser reconocidos como tales y que, por esa causa, la mayoría de los delitos no solamente quedaban sin sanción, sino que ni se sospechaba de su existencia, ya que fueron cometidos a escondidas.”

Y posteriormente añade:

Yo fui cada vez mejor delincuente y tú cada vez mejor criminalista… Yo en las tinieblas, en la jungla de vicios de la gran ciudad, yo en la luz de brillantes posiciones, cubierto de condecoraciones, haciendo el bien de puro contento cuando tenía ganas o amando el mal por otro capricho… tu ansia era destruir mi vida y la mía era vivir a pesar tuyo”.

El protagonista de El juez y su verdugo elude las rutinas investigativas convencionales en favor de su intuición holística, oscuramente sugerida al lector, pero en las últimas páginas el enigma aún encuentra su solución gracias a la astucia inductiva del corte habitual.

El sentido de la justicia en El juez y su verdugo

El final de El juez y el verdugo cobra un cierto sentido de justicia salomónica, pero no queda claro si triunfa el bien sobre el mal o si se ha pervertido el sentido de lo que es una cosa y otra. ¿Se cierra la obra con un acto de justicia? En cierto modo, sí, pero en otro, que el lector descubrirá, no parece tan claro.

En el último encuentro entre Gastmann y Bärlach, Dürrenmatt escribe:

“No quedaba ante ellos más que la inconmensurabilidad de la muerte, un juez cuya sentencia es el silencio”.

Amante de las paradojas, Dürrenmatt deja planteada una pregunta con una respuesta difícil, o incómoda, y es que el bien, la justicia y el mal no se revelan por canales convencionales. La justicia puede haberse cumplido pero ¿se aplicó conforme a la verdad o esta se quedó al margen? La respuesta a esa pregunta corresponde ya al criterio de cada lector.

El juez y su verdugo. Friedrich Dürrenmatt. Tusquets.

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Acerca de Jaime Molina

Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014), Días para morir en el paraíso (2016) y Camino sin señalizar (2022).

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