El libro del verano, de Tove Jansson: La pasión nórdica

El libro del verano, de Tove Jansson. Reseña de CicutaDry

Hay un tipo de literatura fresca y descarada, casi naïf, tan necesaria como cualquier otra y tan brillante como puede ser El libro del verano, la novela que en 1972 la escritora finlandesa Tove Jansson regaló a sus lectores. Tove Jansson, tal vez poco conocida en el ámbito latino, es la creadora de unos seres maravillosos, la familia Mumin, que le dio fama mundial. Como tantos escritores inteligentes, supo captar los matices más llamativos de la vida adulta y llevarlos a ese tipo de literatura infantil que entienden mejor los mayores que los propios niños.

Una cuestión de generaciones

En El libro del verano viene a plantear una cuestión similar a la que fue su apuesta con la familia Mumin, pero esta vez desde una perspectiva adulta. Para ello se sirvió de una trama o hilo conductor muy sencillo: la novela consiste en una serie de estampas que viven una abuela y su nieta durante varios veranos en una pequeña isla del Golfo de Finlandia.

La mayor demostración de un talento narrativo consiste en que una verdadera creadora –y Tove Jansson lo era- se pueda servir de algo tan frágil desde el punto de vista del interés argumental, para construir una novela soberbia. En El libro del verano no es tan importante lo que ocurre sino la relación que se establece entre dos mujeres de dos generaciones distintas unidas por una relación de parentesco.

Esa relación, sutil, sin estridencias, llama poderosamente la atención del lector latino, pues por estos pagos las narraciones inter generacionales suelen estar abocadas a un sentimentalismo barato que, si bien vende mucho, no aporta nada desde el punto de vista literario. No es casualidad que una novela tan fina, tan ajustada a lo que realmente son las emociones humanas sostenidas en el tiempo, provenga de un país como Finlandia, lugar que se “supone” más frío desde el punto de vista sentimental, o menos ardiente si se quiere, en un error de bulto que suelen cometer los lectores meridionales.

La pasión nórdica

Tal vez la gran diferencia entre la mentalidad nórdica y la meridional –y, por ende, también en su literatura- sea el control de las emociones. Dicho de otro modo, la impulsividad como motor argumental. Lo primero que llama la atención –y que atrae- de El libro del verano es la relación tan ecuánime entre una mujer ya mayor y su nieta, que al comienzo de la novela puede tener unos tres años.

La impulsividad meridional nos hace pensar que estas relaciones entre generaciones son una sucesión de consejos más o menos lacrimógenos por parte de los mayores y una asimilación un tanto picaresca de los nietos, que andan buscándole las vueltas a sus abuelos. En definitiva, la sempiterna oposición entre experiencia e inocencia. Nada más lejos de este propósito habita en la mente de Tove Jansson. Un simple pasaje de El libro del verano nos viene a enseñar la forma con la que Tove Jansson aborda este tipo de relaciones:

[Sofía] enseguida encontró la dentadura postiza: allí estaba, blanca y rosa, con su doble fila de dientes viejos.

-¡Aquí está, aquí está! –gritó Sofía, levantándose- hale, a ver, póntela.

-Sí, bueno, pero no mires –dijo la abuela-, que esto es muy íntimo.

Pero Sofía tenía escondida la dentadura detrás de la espalda.

-Es que quiero mirar –dijo.

La abuela se puso la dentadura en un momento, con un ruidito seco, y a Sofía no le pareció nada raro.

-¿Cuándo te mueres? –preguntó.

-Ya pronto –respondió la abuela-, pero eso no es cosa tuya.

-¿Y por qué? –insistió Sofía.

La abuela no contestó. Fue por la roca, llegando hasta la hondonada.

-¡Eso está prohibido! –le gritó Sofía.

-Ya lo sé –le dijo la vieja, con desdén-. Tu padre no nos deja venir por aquí, pero da igual, porque ahora está dormido y no se entera.

Unidas por el aislamiento

Uno de los elementos de unión –y de pasión- entre los habitantes de una pequeña isla de un mar nórdico es el forzado aislamiento, que hace que cada cosa, cada acontecimiento, cada pequeño detalle, ofrezca una importancia inusitada. Y, además, un esfuerzo por ser compartido. El libro del verano es una novela llena de esos pequeños detalles de cada día. El hecho de que las protagonistas sean una anciana y una niña ahonda aún más en esa plenitud de las cosas que normalmente pasa desapercibida para el mundo de los adultos que tienen que dedicarse a una ocupación determinada.

De hecho esa generación intermedia –los padres de Sofía- son importantes en esta novela precisamente por su ausencia. La madre, indudablemente, ha muerto, aunque no hay referencia alguna a esa forzada y dolorosa ausencia. El padre sí aparece en determinados episodios pero solo como un mero agente que hace posible cosas que, sin su intervención, las mujeres de esa pequeña isla no podrían lograr. En definitiva, una figura borrosa, marginal, precisamente porque es el único que hace posible que a existencia de nieta y abuela sea posible y, por tanto, está en sus menesteres.

Seres climáticos

Aseguraba el escritor catalán Josep Pla que los humanos somos seres climáticos, sometidos, absolutamente, al clima y a los cambios atmosféricos de cada día. No es raro que una aseveración así sea palpable en un país como Finlandia. Más aún, en unas condiciones especialmente duras por la combinación de clima y mar que sea puede dar en una pequeña isla del Golfo de Finlandia.

Este hecho también lo transcribe Tove Jansson en El libro del verano, precisamente cuando los veranos empiezan a dar a su fin, cuando el clima es cambiante, cuando la inestabilidad atmosférica influye en la inestabilidad emocional. En esos momentos, abuela y nieta riñen, se vuelven extrañas, picajosas, se dejan de comprender o dejan de fluir juntas. Sin duda, el mal tiempo hace que cada una se ocupa más de sí misma, trate de protegerse, aunque sea de forma inconsciente, del exterior.

Lógicamente, esta conclusión se obtiene después de leer la novela, cuando se cierra el libro. Porque lo que, por encima de cualquier consideración, plantea El libro del verano es la inteligente mirada sobre las relaciones humanas. Un modo de llamar la atención sobre un humanismo casi perdido en el mundo –y también en la literatura- que os haga reflexionar sobre lo cierto y lo incierto, sobre la bondad y la maldad entre las personas.

El libro del verano puede parecer una obra inocente, casi naïf, como decía al principio. Pero no muy lejos de esa inocencia –que la tiene, a propósito- la novela esconde dentro una gran nobleza, una humilde exposición de sentimientos y emociones, una forma de entender la vida por parte de su autora, Tove Jansson, cuya forma de entender la vida –imaginamos por lo que sabemos de su biografía- no debió andar muy lejos de lo que quiso representar en El libro del verano, la obra que regaló a los adultos una escritora que pensaba de una forma tan feliz como una niña.

El libro del verano. Tove Jansson. Editorial Minúscula.

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Acerca de José Luis Alvarado

Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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