El tiempo de las cabras, de Luan Starova: memoria íntima de una frontera rota

Portada de El tiempo de las cabras, de Luan Starova

Hay novelas que, desde la sencillez de su planteamiento, consiguen condensar la historia de un país, el colapso de un orden y la fragilidad del alma humana. El tiempo de las cabras, publicada originalmente en 1993 por el escritor macedonio de origen albanés Luan Starova, es una de ellas. Breve, sobria, pero cargada de significados, esta obra reconstruye, a través de los ojos de un niño, los días oscuros de la posguerra en los Balcanes, cuando el poder comunista reorganiza la sociedad desde el dogma y la miseria, y los hombres, desconcertados, tratan de encontrar sentido a una vida que ya no les pertenece.

La historia transcurre en Macedonia a finales de los años cuarenta. La familia del narrador ha regresado del exilio en Albania a su casa en una ciudad devastada. A su alrededor, el nuevo régimen se instala con su lógica férrea: la propiedad privada desaparece, el Estado lo regula todo, y los espacios individuales —materiales y simbólicos— se ven invadidos por la maquinaria ideológica. En ese contexto, la figura central que emerge es tan inusual como poderosa: la cabra.

El Estado ha declarado ilegales a las cabras. Se las considera animales retrógrados, símbolos de un mundo campesino arcaico, enemigos del progreso industrial que promete la nueva sociedad. Pero para muchas familias —y especialmente para la del narrador— las cabras no son solo animales útiles: representan la autosuficiencia, la herencia, la vida en contacto con la tierra. Así, la lucha por preservar a estos animales se convierte en una forma de resistencia silenciosa, una defensa del mundo anterior frente a la imposición brutal de lo nuevo.

Contada desde la perspectiva de un niño, la novela se impregna de un tono entre la fábula y la crónica. El joven narrador observa el cambio que afecta a su entorno con una mezcla de desconcierto, temor y fascinación. Su mirada aún no entiende del todo la lógica de la represión, pero capta perfectamente sus consecuencias: la pérdida de sentido, la humillación del padre, la sustitución de las palabras propias por el lenguaje impuesto.

La figura del padre, de hecho, articula buena parte de la novela. Traductor, erudito, figura respetada antes del cambio de régimen, es ahora un hombre desplazado, que se aferra a la dignidad del pensamiento frente al avance del absurdo. Su relación con las cabras, convertidas en símbolo de libertad y memoria, es también una forma de transmitir al hijo una educación alternativa, fuera del alcance del Estado.

El estilo de Starova es sereno, casi poético. Evita los discursos grandilocuentes o las denuncias explícitas. Su fuerza está en lo que sugiere, en lo que deja entrever detrás de los gestos cotidianos: una conversación, un silencio, una cabra escondida en el sótano, un libro protegido del fuego. El autor construye una prosa que recuerda por momentos a Ivo Andrić o Ismail Kadaré, en su forma de narrar el desastre colectivo a través de lo íntimo, sin perder nunca el sentido trágico de la historia.

El tiempo de las cabras no es una novela sobre la política, aunque la política esté en cada página. Es un libro sobre cómo se transmite el sentido —o el sinsentido— de la existencia en tiempos de ruptura. Las cabras, más que animales, son una metáfora del pasado que resiste, del saber rural y ancestral que el nuevo mundo quiere erradicar por improductivo, por inútil, por libre. Pero también son el espejo de los propios hombres: desplazados, perseguidos, obligados a fingir que aceptan una lógica que los despoja de todo.

En este sentido, la novela no solo habla de los Balcanes. Su lección trasciende fronteras: cualquier sociedad que haya vivido una transformación ideológica radical —sea desde la izquierda o desde la derecha— encontrará en estas páginas un reflejo de su propia historia. Porque El tiempo de las cabras habla, ante todo, del precio de la obediencia, del valor de la memoria y de la extraña resistencia que nace del recuerdo, de los libros, de la leche derramada, de los animales proscritos.

Luan Starova, con una delicadeza que no excluye la firmeza, nos recuerda que incluso en los tiempos más oscuros hay algo que sobrevive: una palabra, una mirada, una cabra que se niega a desaparecer. Y en ese gesto silencioso de resistencia, hecho de ternura y de dignidad, se encuentra la verdadera fuerza de esta novela inolvidable.

El tiempo de las cabras. Luan Starova. Libros del Asteroide.

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Acerca de Jaime Molina

Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014), Días para morir en el paraíso (2016), Camino sin señalizar (2022) y El sicario del Sacromonte (2024).

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