Kehinde, de Buchi Emecheta: los derechos de nacimiento

Kehinde, de Buchi Emecheta. Reseña de Cicutadry

Kehinde es el nombre de una mujer de origen nigeriano cuya vida adulta transcurre en Londres. Kehinde también es el título de una excelente novelista, Buchi Emecheta, una mujer de origen nigeriano que podría ser como Kehinde. Buchi Emecheta llegó a Londres desde su Nigeria natal para contar historias de mujeres nigerianas, mujeres como ella, mujeres como su personaje, Kehinde.

La importancia del destino

No nos dejamos llevar por el exotismo: Kehinde es una novela dura narrada por una africana que conoce bien Occidente. Buchi Emecheta nos cuenta de forma brillante el no muy brillante porvenir de una nigeriana en Londres, el mismo poco brillante porvenir de una inglesa. En principio, no hay ninguna diferencia. Lo que vale es el talento, quizás también algo de suerte.

Kehinde se casa cuando llega a Londres. Lo hace con un hombre que conoció en Nigeria, Albert, que desea la misma libertad e independencia que ella en Occidente. Tiene dos hijos, y un porvenir que envidiarían muchas inglesas. Ya se sabe: es cuestión de talento. Hay países donde no importa demasiado el color de la piel. Buchi Emecheta cuenta así la pequeña historia de su protagonista:

-Tenemos una casa –dijo Albert. No ignoraba la situación legal de la mujer en Gran Bretaña. En Nigeria, el hogar pertenecía al hombre, aun cuando la mujer se pasara toda la vida responsabilizándose de su buena marcha. La mujer nunca podía pedirle al marido que se fuera de casa, como ocurría en Inglaterra.

De hecho, Albert simplemente se mostraba realista, pues Kehinde ganaba más que él. Había obtenido la hipoteca gracias a la posición de ella en el banco. Pero se suponía que una buena esposa no debía recordarle esas cosas a su marido.

Los viejos privilegios

Buchi Emecheta aborda otra cuestión en Kehinde: la persistente voluntad del hombre por mandar. No es que sea machismo, o al menos así no lo presenta la autora nigeriana. Simplemente, el hombre tiene unos privilegios atávicos y tiende a conservarlos. Tampoco lo justifica.

El nigeriano Albert se convence a sí mismo, en Londres, que la tan deseada libertad occidental no es tal. Viven en una casa propia, es cierto, pero con ciertas estrecheces. Se pierde tanto tiempo en el coche; apenas tienen amigos. El tiempo para sí mismo escasea. Todo lo contrario que en Nigeria.

Naturalmente, en Nigeria no es así, pero no lo es para el hombre. Eso lo sabe Albert, y quizás se le ha olvidado a Kehinde, así que el marido decide volver a Nigeria con la ajustada excusa de que lo reclama su familia. Un nigeriano en Londres es gobernado por su familia instalada en su país natal. De nuevo los atavismos. En este caso, Buchi Emecheta nos plantea otra nueva realidad: las costumbres africanas, imposible de olvidar por los africanos, vivan donde vivan. ¿O tal vez no es así?

La importancia del origen

Para respondernos a esa pregunta, Buchi Emecheta nos traslada a la cabeza de su personaje nigeriano Albert:

-Pero yo quiero regresar al modo de vida de mi padre, una vida relativamente fácil para los hombres, donde los hombres eran hombres y las mujeres mujeres, y a uno se le respetaba como si fuera alguien. Aquí no soy nadie, solo un empleado. Estoy harto de tener que escuchar a mi mujer y ser indulgente. La única alternativa es ir al pub, pero tener que estar entre todos esos borrachos blancos no es solución. No, volver a casa es lo mejor. Allí podré tomar mi copa en la galería, y la gente me prestará atención, incluyendo a mi mujer.

La frase clave, que parece enredarse entre las demás, es donde los hombres eran hombres, y las mujeres mujeres. Buchi Emecheta la introduce como la espoleta de una bomba: esa es toda la realidad de un hombre nigeriano. Unos párrafos después nos vuelve a introducir en la mente de Albert, cuando piensa en su mujer:

Kehinde aprendería cómo se suponía que debería comportarse. Aquí estaba muy pagada de sí misma, interpretando el papel de mujer blanca de clase media, olvidando que no sólo era negra, sino una mujer igbo, simplemente porque trabajaba en un banco y ganaba más que él. En su país muchas mujeres trabajaban en bancos, pero no permitían que eso se les subiera a la cabeza. Albert amaba a Kehinde a su manera, pero necesitaba espacio para respirar.

Los derechos de nacimiento

También nos recuerda Buchi Emecheta una realidad poco frecuentada en la literatura: los derechos de nacimiento. Con las costumbres africanas de fondo, la escritora nigeriana nos acerca a esa realidad sin estridencias, con el necesario contraste entre el modo de vida occidental y el africano.

Las cosas son así, nos viene a decir Buchi Emecheta: no hay ningún dramatismo en ello. Como ser humano, y no como nigeriana o como occidental de adopción, la escritora termina apelando a lo esencial: la libertad personal. Como es natural, esa libertad se ve influida, de nacimiento, o por carácter adquirido, pero no deja de ser indisoluble con la conducta humana.

El valor de elegir

En esta inteligente novela, Albert y Kehinde representan esa libertad esencial de ser humano. Los dos deciden, desde su país natal, renunciar –en principio- a sus costumbres para trasladarse a un país y a un continente que está tan alejado de su tierra como si fuera la luna. Y desde su país de adopción, deciden mantener esa decisión o dejarse arrastrar por los atavismos que parecen difíciles de abandonar.

En ese sentido, Kehinde es una novela admirable, y en su desarrollo, en su forma de afrontar la historia planteada, nos resulta un relato inolvidable. Hay que leer las demás novelas de Buchi Emecheta para entender que esta mujer nigeriana aprendió el valor de la libertad a través del sufrimiento. Occidente no le fue de fácil acceso. Sufrió como africana y como mujer de raza negra. Pero su talento y su coraje decidió su futuro: la libertad. Y junto a la libertad, el abandono de los prejuicios y los atavismos. Y Kehinde es una buena prueba de ello.

Insistimos en que no es una novela reivindicativa. Afortunadamente, no insiste en tesis alguna, aunque sus postulados éticos –una vez leída- son innegables. Kehinde es una novela realista: la vida en Gran Bretaña es tan dura como la vida en Lagos. Buchi Emecheta nos presenta las caras de una moneda. Y conforme se avanza en el texto, nos deja cada vez más claro que hay que elegir entre una de esas dos caras, y que todos, como seres humanos, y no como personas que nacimos en un territorio, podemos siempre elegir.

Kehinde. Buchi Emecheta. Ediciones del Bronce.

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Acerca de José Luis Alvarado

Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos.Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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