La canción de Salomón, de Toni Morrison: el retorno de los antepasados.

Portada de La canción de Salomón-Toni Morrison

Para quien no haya leído nada de Toni Morrison, puede que La canción de Salomón, escrita en 1977 y por la que gano el Premio del Círculo Nacional de Críticos de Libros de Ficción, sea el mejor libro para adentrarse en su obra.

Pese a ser una novela puramente norteamericana, La canción de Salomón tiene un cierto componente que podría asimilarse a eso que viene en llamarse “realismo mágico”. Un realismo mágico, eso sí, cuyo centro es la negritud americana en donde la realidad y la fantasía se combinan en un todo imposible.

Toni Morrison es una narradora muy sólida y muy eficaz. Los argumentos de sus novelas suelen requerir un esfuerzo por parte del lector pero, pese a esa complejidad, Toni Morrison posee la indiscutible habilidad y buen oficio para no dejar ni un solo cabo suelto.

Los personajes de La canción de Salomón no son en absoluto planos, sino que están construidos con las contradicciones necesarias para hacerlos interesantes, haciéndolos confrontarse a veces consigo mismos. Esta característica, al contrario de lo que pueda parecer, les proporciona credibilidad y coherencia.

Y en cuanto a la construcción de la trama de La canción de Salomón oscila en un vaivén temporal que sumerge al lector en diferentes momentos del pasado mezclando historias de tres generaciones distintas, la del protagonista principal, su padre y su abuelo.

Un viaje espiritual en busca de sus raíces.

A lo largo de casi 400 páginas, La canción de Salomón nos relata la vida de Macon “Milkman Dead”, Lechero Muerto, un hombre joven que vive alejado de sí mismo y de su entorno sufriendo de una esclavitud mental y espiritual, que gracias a la ayuda de su tía y su mejor amigo comienza un viaje espiritual para reconectar con su pasado.

Esta historia está dividida en dos partes. La primera transcurre en una ciudad que no tiene nombre en Michigan y nos relata los primeros 32 años de vida de Lechero Muerto, la cual se ve atrapada en el estilo de vida de su padre que tiende a lo materialista y de su tía Pilatos que tiene valores marcados por la tradición. En esta parte del libro, se pueden apreciar juegos de secuencias retrospectivas del personaje principal con otros de su pasado.

En la segunda parte de La canción de Salomón, “Lechero Muerto” llega a Danville, Pensilvania, lugar en el que su abuelo había construido una próspera granja llamada Lincoln´s Heaven y donde acabó siendo asesinado. Lechero Muerto se remonta a Shalimar, una ciudad ficticia de Virginia, en la que conoce su ascendencia y el significado de su herencia espiritual.

Argumento de La canción de Salomón.

Cuando Macon tiene cuatro años su madre Ruth todavía lo amamanta. Por ese motivo se gana el apodo de “El Lechero”. Ruth está atrapada en una relación en la que es maltratada por Macon Jr. Con ese aire de “realismo mágico” del que hemos hablado, descubrimos que Ruth se casó con Macon Jr. debido a que Pilatos, la hermana de Macon, le dio un brebaje para que se acostara con su hermano y de ese encuentro nació Macon “El Lechero”.

A lo largo de la narración percibimos a “El Lechero” como un sujeto alienado, alejado de su familia y de la comunidad afroamericana. Su tía Pilatos aparece como uno de los personajes más relevantes pues es el único vínculo que lo mantiene tenuemente ligado a su familia.

La tensión racial entre blancos y negros se muestra de distintas formas a lo largo de la novela, aunque nunca llega a ser demasiado explícita. Por ejemplo, aparece tangencialmente por medio de un amigo de “El Lechero” a quien apodan “El Guitarrista”. Este comenta en un momento dado que pertenece a una organización teóricamente dedicada a asesinar a blancos (una especie de Ku Klux Klan al revés).

La historia de La canción de Salomón retrocede hasta la generación del abuelo de “El Lechero”, esto es, el padre de Pilatos y Macon Jr. Este personaje se nos presenta como un agricultor analfabeto de Virginia obligado a renunciar a su tierra y asesinado cuando se niega a abandonar el que considera su hogar.

Tras la muerte de su padre, Macon Jr. y Pilatos huyen y, al hacerlo, encuentran unas bolsas con oro en una cueva, pero Pilatos no permite que su hermano las tome, pues lo considera como un robo. Macon Jr. se enfada y se separa de Pilatos quien vaga de un sitio a otro hasta que se instala en una comunidad de Virginia. Allí tendrá una hija y esta a su vez le dará una nieta. Entonces deciden trasladarse todos a Michigan para estar cerca de su hermano Macon Jr.

En un momento de la historia, Macon “El Lechero” le menciona a su padre que en casa de su tía Pilatos hay una bolsa muy pesada y que ella afirma que esta contiene su herencia. Entonces su padre le pide que vaya con “El Guitarra” y le traigan la bolsa que él piensa contiene el oro de la cueva. Los dos chicos logran tomar la bolsa, pero de vuelta a casa los detiene la policía y descubren que el saco contiene huesos humanos. Será Pilatos quien consiga sacarlos de la comisaría y que queden libres de cargos.

Con posterioridad “El Lechero” hará un viaje hacia el sur de Pensilvania en busca del tesoro que, según su padre, aún debe estar en la cueva.

En ese viaje “El Lechero” se encuentra con el Reverendo Cooper, quien le revela datos de su familia que sorprenden al joven y así comienza la reconexión con su pasado. Tras ese encuentro, visita la tierra de su abuelo; va a la cueva en busca del oro pero no lo encuentra, solo descubre un esqueleto humano. Él sospecha que Pilatos se llevó el oro a Virginia, donde tenían antepasados.

“El Lechero” viaja a Virginia. Allí sale a su encuentro “El Guitarra” que lo ha seguido hasta allí pensando que su amigo lo ha engañado llevándose el oro sin darle su parte y se enzarzan en una pelea.

En su viaje, “El Lechero” escucha a los niños de la ciudad cantar la «Canción de Salomón». “El Lechero” escucha la canción y recuerda que Pilatos le cantaba una canción similar en Michigan. El joven ata cabos hasta que comprende que la canción trata sobre su propia familia. Entonces regresa a Michigan con su familia dispuesto a contarle sus descubrimientos.

El descubrimiento.

Toni Morrison nos relata en esta novela la vida de un personaje que recupera su verdadero apellido a un precio muy alto. La autora conduce la narración hasta transformarla en una parábola sobre la identidad haciendo que el protagonista se pregunte cómo puede aceptarse a sí mismo si toda su vida la ha vivido con un nombre falso.

La fantasía planea de un modo sutil en esta novela. Se habla, por ejemplo, de personajes que vuelan o pretendieron volar, y ese acto, que tiene mucho de metafórico, resulta importantísimo pues la autora lo utiliza de una forma muy inteligente en momentos clave.

Por ejemplo, Toni Morrison nos relata el suicida intento de vuelo de un vendedor de seguros la víspera del nacimiento de “Lechero Muerto”. Ese deseo de volar está latente en la conciencia de “Lechero Muerto”, al menos mientras es un niño. Luego descubrirá desencantado que volar sin ayuda es imposible y pierde todo interés en sí mismo.

Esa falta de interés hace que crezca como un ser alienado, incapaz de amar. La única mujer que lo ama de verdad, Hagar, intenta matarlo porque le crispa la indiferencia con que él lo castiga. Esa indiferencia la llevará hasta la locura y la muerte, haciendo de su personaje una suerte de Ofelia shakespeariana.

En su viaje al Sur, “Lechero Muerto” llegará a la ancestral Shalimar, donde una bruja pasmosamente vieja, Circe, le narra la verdadera historia de su familia. La canción que “Lechero Muerto” escuchará entonces habla de Shalimar, que se pronuncia casi como Salomón. Poco a poco, con singular maestría, Toni Morrison va componiendo un rompecabezas magistral.

La leyenda de Salomón decía que el abuelo de “Lechero Muerto” podía volar y que regresó a su lugar de origen, es decir a África, lanzándose al aire y cabalgando en él. De ahí al convencimiento de que él mismo podía hacer lo mismo que hizo su abuelo hay un paso.

Ese es el clímax, la apoteosis de una novela prodigiosa en la que Toni Morrison conduce a su protagonista a descubrir los orígenes de una estirpe que se han ido difuminando y que se empeña en desvelar.

Conclusión.

Aunque no se trata de una novela política ni social, refleja el sentir de su protagonista ante un tiempo espacio en el que la discriminación racial por parte de la sociedad norteamericana era imperante.

La estética que Toni Morrison nos muestra en las páginas de La canción de Salomón hace parecer que la acción transcurre en blanco y negro. La novela tiene varias referencias históricas, como la primera vez que Martin Luther King apareció en la televisión o la presencia de Los Panteras Negras conocidos por su lucha de los derechos civiles de los afroamericanos.

Cabe resaltar que en La canción de Salomón no existen los personajes de piel blanca, solo aparecen a modo de recuerdo como la familia Butler, en Denver y de la cual desciende “Lechero Muerto”.

En gran parte de este libro, “Lechero Muerto” tiene el rol pasivo de receptor de las historias de su pasado (en gran medida las que le cuenta su padre) y las de las vivencias de todos los personajes que lo rodean, las cuales desencadenan la mayoría de las decisiones que va tomando.

También lo influyen las que le narra su amigo “Guitarrista” y desde luego las de su madre, así como las de la tía Pilatos, uno de los personajes fundamentales de la novela, pues está presente en los momentos de mayor intensidad y determinantes de la historia.

Otro aspecto que resulta llamativo en La canción de Salomón es la locura que invade a varios de los personajes que se dejan arrastrar por sus pasiones y que arrastran consigo los estragos de la esclavitud y la segregación.

Como en toda historia, el amor también se hace presente y se manifiesta en las mujeres que forman parte de esta narrativa y que, en la mayoría de los casos, no fueron correspondidas y llevaron sobre sus hombros esas frustraciones.

En la canción de Salomón, Toni Morrison nos da lo indispensable, en una novela en la que la violencia y la frustración van de la mano creando un ambiente único.

La canción de Salomón. Toni Morrison. Ediciones B.

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Acerca de Jaime Molina

Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014) y Días para morir en el paraíso (2016).

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