La excursión de la fábrica de botellas, de Beryl Bainbridge: Humor macabro

La excursión de la fábrica de botellas, de Beryl Bainbridge. Reseña de Cicutadry

La excursión de la fábrica de botellas es una novela tan extraña como su título y su autora. Beryl Bainbridge fue una escritora maldita que escribía obras malditas. Su primer libro, Lo que dijo Harriet, no encontró editor hasta después de diez años porque lo consideraban indecente y repulsivo. Mientras tanto, a Beryl Bainbridge le dio tiempo de intentar suicidarse metiendo la cabeza en un horno hasta que terminó pegando etiquetas en una fábrica de botellas.

La maldita Beryl Bainbridge

Muchos años después, fue nombrada Dame por la reina Isabel II y a su muerte el periódico The Guardian la calificó como un tesoro nacional. Durante varias décadas había escrito un puñado de novelas que hoy son consideradas de culto y que llevaron a los críticos literarios de The Times a incluir su nombre entre Los 50 mejores escritores desde 1945. Sin embargo, entre los lectores en español es prácticamente una autora desconocida. ¿A qué se debe esta injusta omisión?

Tal vez sea por alguna de las características de su literatura. Una de ellas, las atmósferas opresivas de sus novelas. Otra, su humor macabro. A esta segunda característica obedece todo el texto de La excursión de la fábrica de botellas. Sus obras se leen con cierta repulsión, no tanto por los temas tratados –normalmente envueltos en climas de inocencia- sino por la peculiar mirada que tenía Beryl Bainbridge.

Podríamos decir que era una mirada como herida, tendente a lo oscuro, a lo prohibido, a lo perturbador. Las novelas de Beryl Bainbridge dejan un regusto amargo. Apenas podemos atisbar momentos de felicidad en sus textos y, sin embargo, se nota como un gran esfuerzo de la autora por dar alguna brillantez a las vidas que retrata.

Dos amigas inglesas

En definitiva, las novelas de Beryl Bainbridge son crónicas de frustraciones. Y este tipo de crónicas no suelen gustar al lector medio. La excursión de la fábrica de botellas, en este sentido, ofrece las dos características literarias de Beryl Bainbridge. Durante la primera parte nos presenta la mediocre vida de dos amigas, Freda y Brenda. No es difícil imaginar a estas dos jóvenes mujeres: son el prototipo de la mujer británica de clase baja y sin belleza alguna.  

El trabajo en una fábrica de botellas de vino se ofrece ante ellas como una gran oportunidad en la vida. Y no solo por motivos laborales. Se da la casualidad que la fábrica de botellas es propiedad de un italiano y que casi todos los obreros que trabajan en ella son italianos. Freda sentirá una fuerte atracción por uno de ellos, y para atraerlo propone hacer una excursión.

Para comprender bien una novela tan extraña como La excursión de la fábrica de botellas hay que indicar que en la inacción se encuentra una de sus cualidades. Beryl Bainbridge se apoya en esa aparente falta de interés de la historia para que los lectores se paren en un hecho, por lo demás perturbador: la atmósfera repulsiva que se vive en la fábrica.

Una atmósfera repulsiva

Beryl Bainbridge dispone sus personajes como en una partida de ajedrez antes de que comience la excursión de la fábrica de botellas. Por un lado, las dos mujeres, muy diferente entre ellas, un tanto inocentes y más bien propensas a dejarse seducir. Por otro lado, los italianos que trabajan junto a ellas, italianos que se defienden entre ellos, italianos repulsivos que toquetean a las mujeres cuando se cruzan con ellas o le levantan la ropa en los rincones.

Además, hay que añadir un clima de permisividad que deja extrañado al lector. Publicada en 1974, en pleno período de auge del feminismo, La excursión de la fábrica de botellas no es, desde luego, un alegato machista, pero desde la perspectiva actual lo podría aparecer. ¿Cuál es el desafío de Beryl Bainbridge? Picar al lector –y desde luego a las lectoras- con una realidad –la de su novela- que no se aleja en nada de la realidad que se vive –o se vivía- en tantos lugares del mundo occidental, de acoso e invasión de intimidad por parte de los hombres hacia las mujeres.

Y todo ello, con el “permiso” de estas dos mujeres algo soñadoras, muy conscientes de su limitación tanto de clase como económica, y cuya actitud ahora provocaría un escándalo. No obstante, Beryl Bainbridge sabe que ésta es solo la primera parte de su novela, el texto preparatorio de la parte fuerte de la trama, como si quisiera decirnos que lo que hemos leído no es nada comparado con lo que nos queda por leer.

La macabra excursión

Y es que en esa segunda parte, propiamente durante la excursión que disfrutan estos humildes trabajadores de la fábrica de botellas, se produce un hecho terrible. A partir de ese momento, la novela debería haberse dinamitado, haberse revuelto, pero es cuando aparece el extraño humor de Beryl Bainbridge: su humor macabro.

El desarrollo de la segunda parte de La excursión de la fábrica de botellas es de una peculiaridad que podría estudiarse en las escuelas de creación literaria. Insisto en que la mirada de Beryl Bainbridge no es apta para cualquier público. Los personajes, en un momento de fuerte estrés existencial, no responden a los conductas que podríamos esperar de ellos.

De repente, la brillantez de Beryl Bainbridge explosiona en un alarde de trama inadecuada, inesperada, sumamente extraña, que mantiene al lector en un continuo suspense. Suspense no porque se espere que vaya a ocurrir algo, sino porque no es natural que no ocurra nada y en algún momento debería ocurrir. Es la lógica.

Una sagacidad despiadada

Hemos leído muchas novelas en las que ocurre algo muy parecido y se ha desarrollado de una manera más o menos ordenada, esperada. Pero es que La excursión de la fábrica de botellas es una novela sorprendente, distinta, diríamos que perversa, que propone a los lectores otra forma de abordar la realidad –o al menos la realidad literaria-, una forma morbosa, indecente y original.

Beryl Bainbridge era así: una escritora de novelas inolvidables, con un negro sentido del humor y una sagacidad despiadada para abordar sus historias. Con toda la razón, alguien dijo que La excursión de la fábrica de botellas es una novela que parece escrita por una Agatha Christie bohemia y borracha.

La excursión de la fábrica de botellas. Beryl Bainbridge. Edhasa

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Acerca de José Luis Alvarado

Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos.Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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