La parcela de Dios, de Erskine Caldwell: la fiebre del oro en clave sureña.

Que un escritor de la talla de William Faulkner no escatimase en elogios con Erskine Caldwell, ya es una razón más que suficiente para interesarse por su obra. Y es que, al igual que Faulkner, Erskine Caldwell fue un sureño recalcitrante que tuvo infinidad de trabajos antes dedicarse de lleno a escribir: entre otras profesiones, fue taxista, jornalero, jugador de rugby, cocinero, periodista o camarero.

La parcela de Dios: historia de un éxito de ventas.

A diferencia de Faulkner, sin embargo, Erskine Caldwell obtuvo un éxito casi inmediato que lo llevó a convertirse en un auténtico superventas. Y lo más curioso es que el éxito le llegó a contrapelo, pues sus obras tenían fama de ser tan escandalosas que llegaron a ser prohibidas, censuradas y hasta retiradas del mercado. Esa censura dio lugar a una reacción inusitada que llevó al gran público a adquirir sus libros hasta convertirlos en best-sellers.

Tanto fue así, que su primera obra famosa, La ruta del tabaco, tuvo una adaptación teatral que triunfó en Broadway durante casi ocho años y una versión cinematográfica dirigida por el gran John Ford.

En cuanto a La parcela de Dios, se llegaron a vender más de diez millones de ejemplares, un hito editorial que superó incluso al obtenido por Margaret Mitchell con Lo que el viento se llevó.

La parcela de Dios: una novela escandalosa para la época.

Apenas un año después de publicar La ruta del tabaco, vio la luz La parcela de Dios, sin duda la segunda novela más importante de Erskine Caldwell, convertida asimismo en un formidable éxito editorial, debido entre otras cosas a algunas escenas de sexo y violencia, para aquella época escandalosas, y a la censura exhibida en su contra.

La parcela de Dios es una muestra panorámica, descarnada y voraz de la Georgia agrícola de los años 30, llena de miseria y de una visión distorsionada de todos los aspectos de la vida.

En La parcela de Dios, el matrimonio, la religión, e incluso la prosperidad económica, salen de lo tradicional. Esto permite justificar toda acción, sin importar lo sucia, oscura e impensable que sea. De este modo se nos presenta al protagonista como un hombre vano pero al mismo tiempo respetuoso de la religión ya que reserva un pedazo de su tierra para que sus frutos sean dedicados a Dios.

Una familia disfuncional.

El argumento de la novela gira en torno a la peculiar y disfuncional familia Caldwell, obsesionada básicamente por dos cosas: hacerse ricos y el sexo.

La novela, contada en tercera persona, está ambientada a principios de la década de 1930. Ty Ty Walden es un viudo que posee una pequeña granja en Georgia, al otro lado de la frontera con Carolina del Sur. Su hija, Rosamund, está casada con Will Thompson, un trabajador de una fábrica textil de algodón que ha cerrado dejando a mucha gente del pueblo sin trabajo ni recursos.

Otra hija de Ty Ty, a quien todos llaman Darling Jill, no está casada. Pluto Swint, un granjero local obeso y holgazán que aspira a convertirse en sheriff, intenta sin ningún éxito seducir Darling Jill y le ofrece matrimonio repetidas veces, pero la chica se ríe de él y lo humilla constantemente.

Los otros hijos de Ty Ty que viven con él son Shaw y Buck Walden, este último está casado con la hermosa Griselda una mujer objeto del deseo de Will Thompson y, en general, de todos los hombres del pueblo.

Argumento de La parcela de Dios.

Todo comienza con la idea fija del patriarca Ty Ty Walden por encontrar un tesoro de oro que, según él cree fervientemente, está enterrado en algún lugar de su finca. Ty Ty impulsa a sus hijos, yernos y nueras a seguir excavando profundamente aquí y allá en su terreno, con la esperanza de encontrar el oro.

No importa cuán profundo excaven ni cuantos agujeros hayan hecho ya en la tierra, parece nunca ser suficiente. No importa el gran esfuerzo inane que han hecho durante más de quince años, Ty Ty jamás da su brazo a torcer y continúa agujereando sus tierras con denuedo.

Es tal la obsesión que, en nombre de “la ciencia”, y con el convencimiento de que le ayudará en sus propósitos, Ty Ty emprende el viaje para secuestrar a un albino. Ty Ty está convencido de que los albinos tienen la cualidad de encontrar oro igual que un zahorí es capaz de encontrar agua.

La parcela de Dios la integran dos personajes más, dos trabajadores afroamericanos contratados, el tío Felix y Black Sam, los únicos que parecen tener cierta sensatez e intentan dedican el terreno a la agricultura. Durante la narración estos dos personajes se convierten en objeto de algunos ataques de burlas o violencia verbal, poniendo de manifiesto el racismo del sur profundo, otro punto en común con el universo faulkeriano.

A través de diálogos muy ágiles, Ty Ty nos va adentrando en su propia personalidad y la de sus hijos, absolutamente embrutecidos, aunque con una fe ciega en su padre, al que obedecen sin rechistar.

La parcela reservada a Dios.

En la finca de Ty Ty existe un área de su terreno que permanece intacta, pues por tradición familiar, de los Walden, se ha dejado reservada para Dios, de modo que los frutos de las cosechas que nazcan allí serán donados a la Iglesia. Sin embargo, al tener abandonadas Ty Ty las labores agrícolas, la parcela de Dios no produce nunca los frutos que deberían reservarse a la iglesia.

En La parcela de Dios se retrata a la sociedad de los años 30, refiriéndose a la fiebre del oro como una verdadera enfermedad. Aparte de la codicia, la novela destapa otras obsesiones no menos perniciosas de sus personajes.

Así por ejemplo, a través del patético Pluto, Erskine Caldwell nos muestra a clase política ambiciosa y enfocada únicamente en el poder y la lujuria. Y el deseo sexual y la promiscuidad de la mayor parte de los personajes de esta novela son otros de los vicios retratados por el autor y que formar parte esencial del entramado.

La única obsesión de Pluto es acercarse a la hija menor de Ty Ty, la promiscua Darling Jill, quien aprovecha dicha posición para sacar provecho del hombre que la persigue. Ella es una chiquilla pícara, respaldada por su padre, quien justifica todos sus devaneos argumentando que va a dejar de ser así cuando llegue un hombre que la satisfaga completamente.

De esta forma queda claro que el hilo conductor de la trama es por un lado la lujuria, lo que nos conduce a través de los impulsos sexuales de todos los personajes, generando una serie de enredos, que esquivan el respeto en el seno de la familia, y por otro lado la codicia, pues todo el empeño de los Walden gira en torno a encontrar un improbable tesoro.

Entretanto, los Walden malviven en gran medida de los préstamos y de los pocos ingresos que generan Felix y Sam con la agricultura. La situación de pobreza afecta a todo el pueblo. La única fábrica que daba trabajo a casi todo el pueblo ha cerrado dejando a todos sus trabajadores en el paro.

La pobreza generalizada ahora aflige a las ciudades de la comarca. Will Thompson fantasea con entrar a la fábrica y volver a encender la energía para poner enmarcha la maquinaria y devolverle el empleo a la gente del pueblo.

Will, pese a estar casado con una de las hijas de Ty Ty, tiene sus devaneos con Darling Jill, una jovencita con un comportamiento cercano a la ninfomanía, y vive obsesionado con quien considera su verdadero amor, la bella Griselda, lo que provoca los continuos ataques de celos de Buck.

Existe una estupenda versión cinematográfica de La parcela de Dios protagonizada por Robert Ryan y dirigida por Anthony Mann. Sin embargo, esta adaptación de 1958, por motivos obvios, está bastante edulcorada, pues ciertas referencias sexuales no podían mostrarse de forma explícita en el cine de aquellos años.

En ese sentido, el final de la novela deja un poso mucho más amargo que la versión cinematográfica. Un final lleno de dolor y decepción, con una familia que acaba rota pero que, a pesar de todo, persistirá en su empeño infinito por excavar como única salida para tratar de encontrar un ápice de sentido a sus vidas.

Por si alguien siente curiosidad, dejo aquí el enlace de YouTube para ver la película de Anthony Mann:

La parcela de Dios. Erskine Caldwell. Navona.

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Acerca de Jaime Molina

Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014) y Días para morir en el paraíso (2016).

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