La península de las casas vacías, de David Uclés: cartografía íntima del abandono

Portada de La península de las casas vacías, de David Uclés

Pocas novelas recientes dialogan con la geografía como lo hace La península de las casas vacías, de David Uclés. No con la geografía oficial —esa de mapas, altitudes y coordenadas—, sino con la cartografía afectiva, silenciosa, de lo que hemos dejado atrás. Desde su título, esta obra propone una imagen devastadora y a la vez reconocible: un país que se vacía, una tierra deshabitada no solo de cuerpos, sino también de sentido. Una España erosionada por la soledad, el tiempo y la pérdida de referentes. Un territorio habitado por lo que ya no está.

La península de las casas vacías, de David Uclés, es una novela desbordante, tanto en ambición como en emoción. A lo largo de más de setecientas páginas, el autor construye una narración sobre la Guerra Civil Española que escapa de los moldes tradicionales del género histórico para adentrarse en un territorio a medio camino entre el realismo mágico, la epopeya campesina y la fábula trágica. La historia sigue a Odisto Ardolento y a su familia.

Los personajes de esta novela viven en un pueblo ficticio llamado Jándula, que es, al mismo tiempo, un trasunto de Quesada (Jaén) y un símbolo de una España rural y doliente. La novela comienza con una escena onírica: el nacimiento del hijo del protagonista bajo una lluvia de garbanzos cocidos. Ese tono, entre lo mítico y lo grotesco, marca el paso del resto de la obra.

La trama se despliega como un mosaico de vidas atrapadas en una península desbordada por la violencia y la desmemoria. Aunque sigue el arco vital de Odisto y su familia, la narración se ramifica continuamente: voces de mujeres, soldados, campesinos, curas, maestros, niños, muertos y hasta animales forman parte de un coro coral que va construyendo la historia. La guerra aparece no tanto como un enfrentamiento entre bandos, sino como una catástrofe física y moral que arrasa la tierra, los cuerpos y las palabras. El narrador, omnisciente pero no impersonal, interrumpe, reflexiona, se contradice y se permite incluso interactuar con sus personajes. La novela se escribe a sí misma, consciente de su artificio, sin por ello perder un ápice de emoción.

En cuanto al estilo, Uclés hace gala de una prosa exuberante, rica en imágenes, ritmo y musicalidad. La narración se despliega en párrafos largos, a menudo sin apenas diálogo, que fluyen como una corriente subterránea y potente. A veces poética, otras descarnada, la escritura se adapta al tono de cada episodio, desde lo lírico hasta lo grotesco, pasando por la sátira o el absurdo. El realismo mágico no se presenta como un ornamento, sino como una forma de expresar el trauma y la desproporción de los hechos: cuerpos que crecen con la rabia, mujeres que dan a luz palabras, pueblos que se hibernan, ríos que se beben a sus muertos. Todo es posible en esta Iberia imaginaria porque todo fue, de algún modo, real.

La península de las casas vacías no busca tanto contar la Guerra Civil como hacer sentir su eco persistente. Es una novela excesiva, sí, pero consciente de ese exceso como única forma de estar a la altura del horror y de la belleza truncada de una época. A pesar de algunos pasajes que podrían haberse abreviado, y de una densidad que exige paciencia, la obra logra crear un universo propio, cargado de símbolos, historia y memoria emocional. Es, en suma, una de las apuestas más singulares y valientes de la narrativa española reciente. Una novela que no se lee para saber, sino para recordar lo que quizá nunca se contó del todo.

La península de las casas vacías. David Uclés. Siruela.

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Acerca de Jaime Molina

Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014), Días para morir en el paraíso (2016), Camino sin señalizar (2022) y El sicario del Sacromonte (2024).

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