Los vencejos, de Fernando Aramburu: relato de un cínico suicida.

Portada de Los Vencejos, de Fernando Aramburu
Portada de Los Vencejos, de Fernando Aramburu

He leído con bastante asombro algunas críticas de Los vencejos, de Fernando Aramburu, en las que atacan sin piedad a esta novela, comparándola continuamente, por oposición, con la novela Patria, es decir, lamentando en cierto modo que el autor no haya escrito algo tan bueno.

Sin entrar en si me parece mejor una que otra, lo que verdaderamente me sorprende es que la mayoría de las críticas argumentan como motivo de su disgusto que Los vencejos está muy lejos del estilo serio, sobrio y formal que Fernando Aramburu utilizó en Patria.

Y es perfectamente lógico que en aquella novela utilizara un estilo más serio, dado que trataba una temática dolorosa y nada fácil de abordar, y es cierto que lo hizo con maestría y con un estilo impecable, algo de lo que ya dimos cuenta en esta misma página.

El uso del cinismo en Los vencejos.

Pero, sin embargo, a mí lo que me parece es que con Los vencejos, Fernando Aramburu vuelve un poco a sus orígenes, y me refiero con ello a ese tipo de novelas en las que el uso de la ironía, el sarcasmo y el cinismo de muchos de sus personajes eran la mayor seña de identidad de sus obras. Baste con recordar su primera novela publicada y, hasta la fecha, mi favorita: Fuegos con limón.

El cinismo, además de una conducta ligada al descaro y la desvergüenza, es un concepto que hoy se asocia más a la tendencia a no creer en la sinceridad o bondad humana, ni en sus motivaciones ni en sus acciones, así como la tendencia a expresar esta actitud mediante la ironía, el sarcasmo y la burla.

Y es justamente en ese punto donde se nos revela Toni, el personaje principal de Los vencejos, como un cínico total y absoluto.

¿De qué trata Los vencejos?

El punto de partida de Los vencejos parece querer llevarnos a la historia de un cínico que inicia el contador descendente que marcará el día de su muerte, pues planea suicidarse y para ello se concede un plazo máximo de un año.

En esta novela de Fernando Aramburu, nos encontramos con una profunda reflexión sobre la vida, su finalidad y su sentido, así como sobre la posibilidad de elegir cuándo morimos.

El principal protagonista es Toni, un maduro profesor de instituto que se encuentra desencantado de su existencia, enfadado con su devenir. La serenidad y la organización mental son dos de sus rasgos de carácter, los cuales le llevan a fijar la fecha de su muerte. Dentro de un año, dejará para siempre de existir.

Su idea, entre tanto, es escribir una crónica personal todas las noches, empresa en la que lo acompaña Pepa, su perra. Bibliófilo y cultivado, sus textos combinan la dureza y el desapego mundano con la ternura y el humor. 

Un personaje antipático.

Su objetivo en esa creación personal es desnudarse por completo, hasta lo más íntimo, con el fin de conseguir hacer entender las razones que lo han llevado a tomar tan drástica decisión. Adicionalmente, sus párrafos diseccionan la realidad de una España convulsa y agitada, sobre todo en su política. Además, por supuesto, esas páginas se verán pobladas por descripciones, diatribas y reflexiones sobre las personas más importantes de su vida.

Entre ellas figura Amalia, su exmujer, con la que mantiene una irresistible dependencia que le impide alejarla para siempre de su realidad. Nikita, su hijo, siempre le genera problemas, mientras que su hermano le resulta insoportable. Su recorrido personal incluye también la figura de sus padres, a Águeda, a su amigo Patachula y un buen número de pasajes cotidianos que oscilan entre la transcendencia y la banalidad, como cualquier otra vida. 

Desorientado y zarandeado por la realidad, el ruinoso proceso de descomposición existencial de Toni, sin embargo, nos proporciona una lección vital ilustrativa.

Un estilo muy particular

Personalmente, Los vencejos me ha parecido una novela de lectura rápida, con un ritmo narrativo que la hace amena y con una trama y unos personajes que, sin lugar a dudas son muy interesantes.

Es cierto, sin embargo, que las primeras páginas de Los vencejos provocan un rechazo casi inmediato al personaje de Toni y, por extensión, a casi todos los que le rodean. Cualquier posibilidad de empatía parece imposible, pero, obviamente, Fernando Aramburu tiene una solvencia incuestionable y, como en cualquier narración que se precie, dosifica, a lo largo de sus setecientas páginas, un arco de transformación para el personaje de Toni.

Recordemos que, desde su primera página, Los vencejos comienza con la declaración de un tipo que anuncia su suicidio. Este arranque puede verse como un motivo más para generar el  rechazo casi instintivo del lector, pues la idea del suicidio es un tabú, como es bien sabido, y desagrada.

Pero el objetivo de Fernando Aramburu, como el de cualquier buen escritor que se precie, es sacudir una bofetada al lector ahondando en la sordidez humana de forma impenitente. La personalidad de Toni termina convirtiéndolo en un ser misógino, odioso, putero, insensible y gripado dentro de sí mismo. 

A muchos críticos ese carácter ha influido en su percepción negativa de Los vencejos. Pero en la Literatura hay muchísimos ejemplos de personajes misóginos, antipáticos y poco empáticos que, sin embargo, son recordados e impactaron en su momento precisamente por eso. Recordemos, por citar a uno, a Meursault en El extranjero de Albert Camus.

A modo de conclusión

La prosa de Fernando Aramburu, desde luego, mantiene la calidad, la precisión quirúrgica y un impecable ritmo narrativo en cada línea, párrafo y capítulo. No obstante, una lectura literal de esta historia puede provocar una percepción distorsionada de su contenido. Porque el humor negro, el sarcasmo y la sátira inundan su fragmentos con un perfume intenso y permanente, que algunos acaban siendo incapaces de percibir de tanto exponerse a él.

Su visión del pospatriarcado, de la actualidad política y social de España, en la que la violencia de género, la radicalización de los nacionalismos y el ascenso de los partidos extremistas se erigen como protagonistas, obliga a reflexionar durante la lectura. Excepto a los lectores que se asoman a sus páginas con ideas preconcebidas e inflexibles.

En definitiva, Los vencejos, de Fernando Aramburu, es una novela de gran calidad formal y contenido impactante, pero que seguramente no resultará del agrado de muchos, en especial de los que viven instalados en el mundo de lo políticamente correcto. Mi recomendación, no obstante, es que se trata de una muy buena lectura. Hasta la fecha, No he leído nada de Fernando Aramburu que me haya decepcionado, Y esta novela, por fortuna, no ha sido la excepción.

Los vencejos. Fernando Aramburu. Tusquets.

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Acerca de Jaime Molina

Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014) y Días para morir en el paraíso (2016).

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