Mazurca para dos muertos, de Camilo José Cela: La otra memoria histórica

Mazurca para dos muertos, de Camilo José Cela. Reseña de Ciciutadry

Mazurca para dos muertos fue una esperada novela de Camilo José Cela tras 10 años de silencio narrativo. Publicada en 1983, sucedía por orden cronológico a Oficio de tinieblas 5, una extraña novela experimental que no dejaba adivinar los derroteros literarios por los que se encaminaría el autor una vez acabada la censura franquista. En el momento de la publicación de Mazurca para dos muertos, Camilo José Cela era el escritor mejor valorado de la literatura española y sus continuas transgresiones al orden convencional lo habían convertido en una figura famosa más allá de su oficio literario.

Un nuevo camino narrativo

Aunque su estilo siempre fue muy reconocible, Camilo José Cela experimentó diversas formas de abordar sus novelas, de manera que ninguna guardaba parecido entre sí. Impulsor –sin quererlo- de lo que se llamó el tremendismo tras la publicación de La familia de Pascual Duarte, coqueteó con el pastiche en las Nuevas aventuras del Lazarillo de Tormes o abordó la novela poliédrica con La colmena.

Mazurca para dos muertos supuso un nuevo giro en su estilo narrativo que ya se mantuvo, sin apenas variación, hasta su última novela, Madera de boj. Podríamos decir que este estilo consistió en un texto compacto narrado en forma de letanía en el que una y otra vez se vuelve sobre hechos ya abordados, sobre los que se añade matices, recuerdos o comentarios. El texto está narrado por una voz poderosa, de frases largas, que va alternando la primera y la tercera persona del singular –recordemos que en San Camilo, 1936 utilizó exclusivamente la segunda persona- y que, en un extraño desdoblamiento, inserta breves diálogos sin que el interlocutor pueda ser, en muchas ocasiones, reconocido por el lector.

Esta peculiar forma de narrar aparece desde la primera frase de la novela como una declaración de intenciones de lo que le espera al lector a lo largo de todas las páginas de la obra:

Llueve mansamente y sin parar, llueve sin ganas pero con una infinita paciencia, como toda la vida, llueve sobre la tierra que es del mismo color del cielo, entre blando verde y blando gris ceniciento, ya la raya del monte lleva ya mucho tiempo borrada.

-¿Muchas horas?

-No; muchos años. La raya del monte se borró cuando la muerte de Lázaro Codesal, se conoce que Nuestro Señor no quiso que nadie volviera a verla.

Una novela polifónica

Aunque esa voz poderosa a la que aludíamos corresponde, en principio, al propio narrador (y ese narrador es además el mismo Camilo José Cela), en la novela aparecen decenas de personajes. De una manera u otra, desde breves apariciones hasta contar con protagonismo en la obra, estos personajes van tejiendo una complicada historia de rencillas, dolor, sexo y muerte que solo alcanza su sentido completo una vez acabada la novela.

En muchos sentidos, Camilo José Cela nunca se apartó de su primera novela, La familia de Pascual Duarte, y si bien suavizó con el tiempo el tono áspero de esta obra, mantuvo una fuerte tendencia hacia lo brutal y lo escatológico. Mazurca para dos muertos, en realidad, trata sobre un asesinato, el Lázaro Codesal que aparece en el primer párrafo del texto, sobre cómo se va tejiendo una serie de casualidades, malos auspicios y acontecimientos que llevan a la muerte de este personaje.

El acontecimiento central de la obra –aunque no el exclusivo- es la Guerra Civil española, que se convierte en un personaje más, porque hace aflorar en los personajes una barbarie en principio no esperada en ellos. Ambientada en el mundo rural, y en la Galicia más profunda, la barbarie de la guerra –que como tal no se desarrolla en ese territorio- se traduce en las continuas envidias, revanchas y resentimientos que produjo, como justificación, la situación bélica.

Sexo y muerte

Mazurca para dos muertos es, básicamente, un libro de recuerdos, una memoria gigante y truculenta que se retuerce en una historia que parece no tener fin. Y entre esos hechos destaca el sexo, que impregna toda la obra, sobre todo en torno a experiencias femeninas, entre lo mágico y lo escabroso.

-A todas las mujeres nos mamó alguien las tetas alguna vez, para eso estamos, que el gusto no nos lo quita nadie, lo que importa es no guardar el asco: un mozo en el pajar y otro en la cuadra, el cura en la sacristía, un feriante en la lareira, el molinero en el molino, un extranjero en el monte, el marido cuando le da la gana… lo que importa es no guardar el asco. De estas dos tetas, cuando estaba criando a mi hija Benicia y eran dos tetas de verdad y como Dios manda, grandes y duras y llenas de leche, también mamó la culebra, pero mi difunto le partió la cabeza con un sacho y la mató, aquí no hay más que difuntos y el viento famento soplando la Marcha Real en los carballos.

Como aparece explícitamente en este párrafo, en la novela “no hay más que difuntos”, algunos fallecidos de forma natural, la mayoría violentamente, a manos de sus vecinos o en la guerra. La muerte lo impregna todo; igual que la metáfora que utiliza Cela en este novela, la lluvia continua que parece que nunca va a parar, la muerte también parece continua, un hábito más en esta España rural y negra que retrata o recuerda el escritor gallego.

Una narración hipnótica

Esta acumulación de venganzas, violencia y atrocidades sería indigerible para el lector si la historia no estuviera apoyada en la forma de narrar extraordinaria de Camilo José Cela. Desde la primera página introduce al lector en esa letanía inagotable que, como la lluvia, es al mismo tiempo monótona y vivaz, hipnótica, y que al fin y al cabo es la materia sobre la que gira la novela.

No es Mazurca para dos muertos una novela para estómagos delicados, ni puede leerse con los remilgos a los que estamos acostumbrados en la actualidad. Esta obra habla sobre la brutalidad, sobre el cainismo español, sobre el oscurantismo rural, sobre otro tiempo que vivió España y que gracias a escritores como Camilo José Cela pueden ser recordados y mantenidos en la memoria.

Después de todo, aunque una lectura superficial pueda llevarnos a engaño, Mazurca para dos muertos es la novela que Camilo José Cela tenía que escribir tras la muerte de Franco. Fue el dictador, y no otra causa, el que mantuvo esa barbarie en la sociedad española durante décadas, arrastrando la memoria sesgada e interesada de una guerra que él provocó. La memoria histórica, tan discutida en España, no se mantiene con actos impostados ni poses políticas, sino con narraciones tan poderosas como esta Mazurca para dos muertos que descubre todo el mal que ha anidado –u aún anida- en la sociedad española.

Mazurca para dos muertos. Camilo José Cela. Seix Barral.

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Acerca de José Luis Alvarado

Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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