Retorno a Brideshead, de Evelyn Waugh: la melancolía de un mundo perdido

Portada de Retorno a Brideshead-Evelyn Waugh

Algunas novelas son, en esencia, elegías disfrazadas de relatos. Retorno a Brideshead, publicada en 1945, es una de ellas. Evelyn Waugh, uno de los grandes estilistas de la prosa inglesa del siglo XX, entregó en esta obra no solo una historia sobre la amistad, el amor y la fe, sino también una sentida despedida a un mundo que la modernidad —y en particular la devastación de la Segunda Guerra Mundial— se llevó para siempre.

La historia sigue los recuerdos de Charles Ryder, un joven de origen modesto que, al ingresar en la Universidad de Oxford en los años veinte, conoce a Sebastian Flyte, un aristócrata encantador y excéntrico. La relación entre ambos, impregnada de una ambigüedad emocional que ha generado múltiples interpretaciones —desde la amistad profunda hasta un amor platónico velado—, es el centro del primer tramo de la novela. A través de Sebastian, Charles se adentra en el espléndido y decadente mundo de la familia Marchmain y en su residencia ancestral, Brideshead, símbolo de un pasado brillante que comienza a resquebrajarse.

Brideshead no es solo una casa, sino el emblema de una forma de vida: el esplendor de la vieja aristocracia inglesa, con sus rituales, su refinamiento, su seguridad en su propio lugar en el mundo. Pero ya desde el principio se percibe una nota de tristeza, de inevitable declive. La familia Marchmain, bajo su barniz de grandeza, está corroída por las tensiones internas: el catolicismo intransigente de Lady Marchmain, el hedonismo autodestructivo de Sebastian, la insatisfacción latente de Julia, la hermana mayor.

La novela está dividida en tres partes bien diferenciadas: la juventud dorada en Oxford, la progresiva disolución de ese paraíso y el retorno final, años después, cuando Charles —ya convertido en un hombre maduro y desilusionado— regresa a Brideshead como oficial del ejército durante la guerra. Ese regreso es, naturalmente, más que físico: es el reconocimiento melancólico de lo que se ha perdido, de un tiempo que no volverá, de un ideal de belleza y fe que ha sido arrasado por el pragmatismo brutal del presente.

El estilo de Waugh en Retorno a Brideshead es de una elegancia clásica. Su prosa es refinada, sutilmente irónica, capaz de captar en una frase el esplendor de un jardín, el resplandor de una fiesta universitaria o la tristeza que se esconde tras una sonrisa. Frente al humor satírico de otras de sus obras, aquí predomina un tono grave, contemplativo, donde la nostalgia por el mundo desaparecido se mezcla con una mirada crítica hacia sus defectos. Waugh, convertido al catolicismo unos años antes, introduce en la novela una reflexión profunda sobre la fe, la culpa y la redención, especialmente a través del destino de la familia Marchmain.

Uno de los grandes logros de la novela es su tratamiento de los personajes. Sebastian es inolvidable: un ser luminoso y frágil, cuya progresiva caída en el alcoholismo es narrada con una mezcla de ternura y desesperanza. Julia, por su parte, representa la lucha interna entre el deseo de felicidad terrenal y la fidelidad a un ideal religioso. Y Charles, el narrador, pasa de la fascinación y el deseo de pertenecer a ese mundo a una conciencia amarga de su propio vacío espiritual.

Retorno a Brideshead no es, en sentido estricto, una historia de amor romántico ni una mera crónica social: es, sobre todo, una novela sobre la pérdida. La pérdida de la juventud, de la inocencia, de la belleza, del esplendor de una época. Waugh no idealiza a sus personajes ni su mundo; muestra sus debilidades, sus hipocresías, sus fracasos. Pero, a pesar de todo, no puede evitar lamentar su desaparición.

Leer esta novela hoy es reencontrarse con un sentimiento que trasciende la nostalgia histórica: el dolor de ver desmoronarse aquello que parecía eterno, el descubrimiento de que toda belleza lleva en sí misma la semilla de su destrucción. Evelyn Waugh escribió Retorno a Brideshead en un tiempo de guerra, cuando el viejo orden social inglés estaba siendo barrido. Su mirada es, al mismo tiempo, de compasión y de resignación, consciente de que la historia no se detiene, pero también de que algo valioso se pierde con cada cambio.

Pocas novelas han capturado con tanta delicadeza la melancolía de la decadencia. Y pocos lugares literarios son tan imborrables como Brideshead, ese palacio lleno de ecos, donde aún resuenan las risas, las oraciones y los suspiros de un mundo que, aunque haya desaparecido, sigue brillando en el recuerdo.

Retorno a Brideshead. Evelyn Waugh. Tusquets.

5/5 - (1 voto)

Acerca de Jaime Molina

Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014), Días para morir en el paraíso (2016), Camino sin señalizar (2022) y El sicario del Sacromonte (2024).

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