American Psycho, de Bret Easton Ellis: la mentalidad de una época

American Psycho, de Bret Easton Ellis. Reseña de Cicutadry

Resulta difícil entender el excelente reconocimiento crítico que recibió American Psycho, la novela que Bret Easton Ellis publicó en 1991, cuyos ingredientes parecen, en principio, encontrarse en las antípodas de lo que se entiende que es una gran novela. Sin embargo, el tiempo dio la razón a aquel primer juicio crítico y American Psycho se ha convertido en un libro de culto, además de ser el símbolo literario de una determinada época.

La época de los yuppies

Estamos en Estados Unidos, en Nueva York, en la década de los ochenta del siglo XX. Tras la crisis económica de la década anterior, aparece un nuevo tipo de ciudadano en las grandes ciudades: los llamados yuppies, altos ejecutivos conservadores, gente no necesariamente rica pero sí ambiciosa, nada empática, narcisista. Los tiempos están a su favor: es la época de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, la caída de la Unión Soviética. Es el momento de la caída, en general, de los ideales de los hippies, que una década después de ser los grandes protagonistas de la historia parecen haber caído en un descrédito insuperable.

Una de las razones que convierten American Psycho en una obra maestra es la perfecta disección que lleva a cabo Bret Easton Ellis del mundo de los yuppies. Y en particular de uno de ellos, Patrick Bateman, un genuino yuppy entre los yuppies. Quien haya leído American Psycho sabrá que es un personaje inolvidable, distinto a cualquier otro que recordemos extraído de la buena literatura.

Patrick Bateman trabaja en la órbita de Wall Street, pero nunca lo vemos trabajar. Uno de los aciertos de Bret Easton Ellis fue imaginar una clase determinada de yuppi, el yuppi que no trabaja. Vive de ser el hijo de y, naturalmente, su ídolo es Donald Trump. Otro gran acierto: Donald Trump nunca aparece en American Psycho, pero su inspiración es continua y absoluta. El que llegara a ser presidente de los Estados Unidos es el ejemplo de cómo llegaron al poder unos vagos ricos, unos niños de papá, unos psicópatas narcisistas, igual que Donald Trump.

El dinero y Donald Trump

En American Psycho hay una religión: el dinero es Dios, y Trump su profeta. Y aquí nos encontramos con un nuevo acierto de Bret Easton Ellis: el dinero no es infinito. Ciertamente lo es todo en el estrecho universo de Patrick Bateman, pero él no dispone de todo el dinero que desearía. No es por falta de ambición: es por falta de talento. Solo es un hijo de papá que no puede aspirar a producir dinero por sí mismo. Ello le lleva a la frustración: no puede ir a todos los lugares donde va su idolatrado Donald Trump. Es más: no puede ir a casi ninguno. Ni siquiera a todos los antros, restaurantes y chiringuitos a los que van algunos de sus amigos.

A los individuos se les distingue por su posición social: es una constante en la historia, acrecentada en el siglo XX. En American Psycho no hay tal distinción: todos los personajes tienen dinero, todos tienen una buena posición social. En un mundo en el que todos parecen iguales debe haber algún signo externo que los distinga: en American Psycho esa distinción se convierte en un obstinato: Patrick Bateman solo distingue a una persona de otra por la marca de ropa o complemento que lleva.

Bret Easton Ellis dedica párrafos enteros –largos párrafos- a describir cada detalle de la indumentaria de un amigo o conocido de Patrick Bateman con la marca específica de cada cosa. Para el protagonista de American Psycho las personas somos perchas, maniquíes que portamos una serie de de marcas encima de nosotros. Esa cosificación de los individuos tendrá su importancia en la novela.

La despersonalización y el gore

Sin duda, el gran acierto de Bret Easton Ellis fue desarrollar esa despersonalización de los personajes a través del punto de vista de Patrick Bateman para preparar al lector ante lo que distingue American Psycho de cualquier otra novela: su decidido carácter gore. Y aquí es donde el autor norteamericano da ese doble salto mortal que convierte su novela en una obra maestra: hacer algo único partiendo de materiales de desecho.

Como es bien sabido, Patrich Bateman es un psicópata asesino, un yuppie asesino, un asesino en serie que mata exclusivamente por placer. Esta característica subyugó a los lectores de 1991 como lo hizo con los espectadores que años más tarde convertirían American Psycho en un film de culto. Bret Easton Ellis logra hacer atractivo, seductor, interesante a un personaje que, desde la primera línea de la novela o el primer minuto de la película, es repulsivo. ¿Cómo lo consigue?

Bret Easton Ellis dosifica la información, establece unos poderosos cimientos conforme avanza la novela para crear el gancho que llevará al lector a querer saber más de ese extraño protagonista. Cuando éste comience a asesinar a prostitutas, ya será tarde para el lector que, en principio, no siente ninguna atracción por este tipo de tramas.

La locura comprensible

Y es que Bret Easton Ellis plantea en su desarrollo argumental más preguntas que respuestas. Su protagonista mata porque sí, pero en la mente del lector ha creado una mínima lógica: es un psicópata puro, un individuo que no siente compasión ni comprensión alguna por sus semejantes.

De hecho, American Psycho tiene el acierto de estar escrita en primera persona, y esa primera persona será implacablemente fría cuando comience a describir, con detalles horrendos, los asesinatos que comete. Son tan espantosos que el lector, entre tripas, sangre, instrumentos de tortura y depravación sexual, termina comprendiendo al narrador: naturalmente, entiende que está completamente loco, pero se trata de una locura comprensible, una locura, digamos, intelectual, una locura que se veía venir.

Una advertencia para quienes hayan visto la película pero no hayan leído la novela: en el film solo hay un porcentaje bajísimo de la violencia y la crueldad que destila el libro. De igual forma, la comprensión del personaje es mucho menor. La enfermiza descripción continua de cualquier persona o hecho que acontece en la historia por parte del protagonista va preparando al lector para lo que se encontrará al final de la novela, cuando ya todo parece caos y devastación. Pero no es así: Bret Easton Ellis describió en American Psycho la mentalidad de una época. Ese fue el secreto de su éxito y la demostración del extraño talento narrativo de su autor.

American Psycho. Bret Easton Ellis. Random House.

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Acerca de José Luis Alvarado

Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos.Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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