El puente de San Luis Rey. Thornton Wilder: Todo está conectado

El puente de San Luis rey. Thornton Wilder. Reseña de Cicutadry

El puente de San Luis Rey es una inteligente novela del inteligente escritor norteamericano Thornton Wilder. Por edad y por la época en que la que escribió sus principales novelas, Wilder debiera haber pertenecido a la generación perdida norteamericana junto a Hemingway, Faulkner o Francis Scott Fitzgerald, pero su carácter semimístico, callado y tímido lo excluyó de ese círculo literario. Muy amigo de la creadora del grupo, Gertrude Stein, Thornton Wilder puso su inmensa cultura clásica al servicio de sus obras, con las que ganó tres premios Pulitzer.

El gran autor de novelas históricas

Este conocimiento de los clásicos griegos y latinos la empleó para impulsar un género narrativo que, en su época, no se encontraba especialmente valorado: la novela histórica.

Entiéndase este género, hablando de Thornton Wilder, como un modo de intrincar la Historia con mayúsculas en un tejido narrativo, de manera que no se pueda separar una de otro. Las novelas del escritor norteamericano tienen ese sentido de la necesidad característico de las buenas novelas históricas, en las que no se comprende el fondo del asunto sin la forma –en este caso, un determinado período histórico- en la que se sustentan.

A diferencia de tantos ejemplos actuales de pésimas novelas históricas, en los textos de Thornton Wilder los hechos narrados corresponden exactamente al tiempo narrado. Naturalmente, para ello trabajó con temas universales y atemporales, es decir, con los sentimientos que han recorrido y recorrerán la historia del ser humano: el amor, la duda, la envidia o la ingratitud.

La fragilidad de la solidez

El puente de San Luis Rey se desarrolla en la Lima del siglo XVIII bajo el virreinato de España. El punto de partida de la novela es realmente ambicioso: este bello puente, situado en el corazón de Lima, se derrumbó el viernes 20 de julio de 1714. En aquel accidente perecieron 5 personas.

Este hecho no le pasa desapercibido a un monje franciscano, fray Junípero, que trata de dilucidar por qué Dios consintió que fueran precisamente esas cinco personas las que murieran de esta forma, sobre un puente que a ojos humanos representaba la fortaleza y la solidez.

El sentido de la muerte

A través de este personaje, Thornton Wilder se interroga sobre el destino humano. No solo parecía sólido el puente, sino también la existencia de las personas que murieron en aquel accidente: unos minutos antes, esos seres estarían llenos de vida, y de repente, un hecho fortuito y nada predecible acababa con sus ilusiones y sus proyectos.

La novela, dividida en cinco partes, relata la historia de esas cinco personas hasta el momento exacto en que ponen el pie en el puente. El gran esfuerzo de Thornton Wilder fue dotar de carnalidad a esos personajes. Algunos de ellos, como la Marquesa de Montemayor, parecen reales. Presunta autora de unas deliciosas cartas enviadas a su ingrata hija, que vive en España, está basada en una escritora real, la francesa Madame de Sévigné. Mientras el lector está leyendo la novela no duda de su existencia real.

De igual modo ocurre con una serie de personajes que se cruza con las personas que mueren en el puente: la actriz Micaela Villegas, el virrey don Andrés, el arzobispo de Lima, el capitán Alvarado. Están tan bien construidos, pertenecen por sus conductas y maneras tan a su época, que parecen reales. Sin embargo, no son más que vehículos que utiliza el autor para dar un sentido a la muerte de sus congéneres.

El sentido de la vida

Una vez construido un mundo verosímil que arropase la acción, Thornton Wilder inoculó en el lector inteligente una curiosidad: ¿conocer la vida de esos cinco personajes servirá para entender la causa de su muerte, su destino? De forma sabia, Wilder entrecruza sus vidas y consigue que todas ellas tengan un punto en común en un momento determinado de su existencia: precisamente, en el momento en que van a atravesar el puente.

El lector, de esta forma, se convierte en Dios, en el juez que considera que esas vidas merecen perecer bajo los escombros del puente o, al contrario, merecían una oportunidad. Todas ellas iban hacia algo nuevo, hacia un renovado camino en sus vidas después de una trayectoria más o menos satisfactoria.

No es casualidad que de todos los personajes de la novela, estos cinco sean los únicos que encuentran un momento de redención, una epifanía que los impulsa a cambiar su actitud vital. El resto de los personajes, los que quedan con vida, los que intuimos que seguirán su andadura, son precisamente los más estáticos, los más complacientes con su nada ejemplar existencia. Al final, será Thorton Wilder quien ejercerá de Dios sobre sus propias criaturas.

La impermanencia de las cosas

Decíamos al principio que el escritor norteamericano tenía una visión un tanto mística de la existencia, o si se quiere, una visión trascendental. El puente de San Luis Rey es una novela atravesada por una de las preguntas trascendentales del ser humano a través de la historia: ¿existe un destino en nuestras vidas?

Para que ese destino sea comprensible para nuestras mentes, generalmente nos apegamos a ciertos acontecimientos de nuestras vidas que le den solidez. Sin embargo, y como quien no quiere la cosa, Thornton Wilder nos muestra cinco trayectorias vitales cuya característica es la impermanencia, la imprevisibilidad.

No es algo que se perciba de un simple vistazo: hay que leer con mucha atención para darnos cuenta que, dentro de la monotonía y la rutina de esas cinco personas, hay un movimiento incesante, una cambiante percepción de los hechos, una variación constante de los sentimientos, posiblemente como en cualquier existencia humana si se mira con una cierta perspectiva.  

Y si esto es así, ¿por qué extrañarnos que un hecho también imprevisible, como es la caída de un puente aparentemente sólido, pueda cambiar sus vidas, esta vez para siempre? Detrás de la sólida novela histórica Thorton Wilder nos tiene reservada una inquietante novela existencial.

El destino imprevisible

A pesar de la brevedad de la novela, el escritor norteamericano nos tiene reservada una sorpresa en el último capítulo: el destino de los personajes que sobreviven.

Son unas pocas páginas de una concentración asombrosa. Es entonces cuando comprendemos que todo está conectado: nada parece fortuito en el universo. Lo que le ocurre a una persona tiene sus consecuencias en otra, por poca relación que tuviera con ella: puede cambiarle la vida, aunque nunca sea consciente de ello.

Entiéndase bien: de una novela tan inteligente como El puente de San Luis Rey caben múltiples interpretaciones. El autor expone los hechos y deja las conclusiones a juicio del lector. Éste también puede leer la novela sin plantearse absolutamente nada, que disfrutará de igual manera: se me pasaba indicar que Thornton Wilder fue el mejor estilista de aquella generación pasmosa de escritores norteamericanos. Junto a la precisión narrativa de los clásicos latinos y griegos, Wilder supo introducir detalles descriptivos que nos recuerdan al mejor García Márquez. Una de las novelas mejores históricas de todos los tiempos.

El puente de San Luis Rey. Thornton Wilder. Edhasa

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Acerca de José Luis Alvarado

Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.

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