Sherwood Anderson, el eterno inconformista

Sherwood AndersonTodos los géneros literarios tienen un gran maestro, y cuando se habla del relato corto, esa figura le corresponde al estadounidense Sherwood Anderson, que marcó la pauta para la pluma de otros grandes como Scott Fitzgerald, William Faulkner y Ernest Hemingway y asentó las bases para la una literatura breve rica y multifacética.

Nunca conforme, Sherwood Anderson siempre buscó nuevas oportunidades

Anderson vio la luz por primera vez a las afueras de Camdem, Ohio, el 13 de septiembre de 1876, y lo hizo en el seno de una familia campesina y humilde formada por una madre italiana, bastante tradicional, y un padre viajero que siempre parecía venir de mil lugares a la vez, y que disfrutaba contando cuentos.

Siempre en busca de nuevas oportunidades de trabajo, la familia vivió durante años trasladándose a lo largo de todo el territorio de los Estados Unidos. Este hecho marcaría al futuro literato con una educación pobre y eternamente interrumpida.

Tal y como lo haría Martin Amis, pero desafortunadamente con una resolución mucho más reacia, a los 14 años Anderson decidió que abandonaría por completo sus intermitentes intentos académicos para dedicarse a buscar aventuras como las que, entusiásticamente, le narraba su padre.

A la postre, esa búsqueda lo convertiría en el mejor amigo y posterior rival en el mundo de las letras de William Faulkner. La anécdota sobre cómo Faulkner comenzó a escribir, influenciado por Anderson la narró el premio nobel con bastante humor. Al parecer, la primera vez que le pidió consejo sobre cómo escribir, Anderson le esquivó. Con posterioridad, cuando Faulkner volvió a abordarlo, Anderson le dijo que si se decidía finalmente a escribir, lo único que le pedía era que no le obligase nunca a leer sus escritos.

Para principios del siglo XX, Anderson ya se había enrolado de lleno en el ejército. Fue combatiente en la guerra de Cuba, no obstante, incluso en su época de soldado, nunca se desvinculó del todo de su pasión por las narraciones.

Armado únicamente con la pluma y dejando atrás el fusil, Anderson desertó de la milicia y se encaminó a Chicago para perseguir lo que fuere que le trajesen sus primeros intentos literarios con Dial y The Little Review, donde con el tiempo se convertiría en colaborador de planta.

De las letras, el embrujo

Moviéndose en un ambiente de jóvenes escritores entre los que se encontraban Floyd Dell, Theodore Dreiser y Carl Sandburg e impulsado por su viveza y entusiasmo, el joven Anderson se lanzó de lleno al encuentro con su propia gloria literaria con Winesburg, Ohio (1919), que no sólo definió por completo su estilo y técnica, si no que se convirtió en una clave para la narrativa breve.

Winesburg, Ohio, es una recopilación de cuentos interrelacionados que muchos críticos consideran una novela. Con maestría para esbozar con precisión a sus personales en pocas líneas, un ritmo justo y un lenguaje realista, el autor retrataba las dificultades que las comunidades rurales enfrentan cuando se topan cara a cara con la modernidad del nuevo siglo.

Esta colección de relatos unidos por la atrevida perspectiva del narrador (por medio de la que toca temas vetados en la época como la sexualidad y la rebeldía social) levantó expectación en la comunidad literaria por ser un recurso novedoso que no hacia sido utilizado en cuentos cortos.

Fueron Winesburg, Ohio y su novela Dark Laughter (1925) los textos que le traerían la estabilidad económica y el peso profesional que requería para formar parte del movimiento artístico liderado por entidades literarias como The Seven Arts, New Masses y The Nation.

Durante este tiempo se casaría al menos dos veces y depuraría a su máxima expresión el estilo del que beberían Fitzgerald, Hemingway y por supuesto Faulkner, que fuera tiempo atrás su joven roomate durante su estancia en Nueva Orleans.

Sherwood Anderson, el amo y señor de la narrativa breve se casó dos veces más y dedicó los últimos años de su vida a dirigir un par de diarios críticos independientes. Luego se mudó a la localidad de Colón en Panamá y murió en 1941 dejando un libro póstumo de memorias. Su legado perdurará mientras haya buenos entendedores y mejores “pocas palabras”.

Reseñas en Cicutadry sobre Sherwood Anderson:

winesburg ohio

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Acerca de Jaime Molina

Licenciado en Informática por la Universidad de Granada. Autor de las novelas cortas El pianista acompañante (2009, premio Rei en Jaume) y El fantasma de John Wayne (2011, premio Castillo- Puche) y las novelas Lejos del cielo (2011, premio Blasco Ibáñez), Una casa respetable (2013, premio Juan Valera), La Fundación 2.1 (2014) y Días para morir en el paraíso (2016).

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