Libros

El mensajero, de L. P. Hartley: la infancia pervertida

El mensajero, de L. P. Hartley. Reseña de Cicutadry

El mensajero, la obra maestra del inglés L. P. Hartley, tiene uno de los mejores comienzos de la literatura: “El pasado es un país extranjero: allí las cosas se hacen de otra manera”. El resto de la novela es la eficaz y bellísima corroboración de esta frase. ¿Y por qué decimos que El mensajero es una obra maestra? Porque en …

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La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera: Amor, celos y libertad

La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera. Reseña de Cicutadry

La insoportable levedad del ser fue la novela con la que su autor, el checo Milan Kundera, alcanzó fama mundial. Publicada en 1984, si bien el escritor tenía ya en ese momento un estimable reconocimiento crítico, también es cierto que no había llegado masivamente al gran público. ¿Por qué La insoportable levedad del ser alcanzó tal éxito? Quien se acerque …

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La excursión de la fábrica de botellas, de Beryl Bainbridge: Humor macabro

La excursión de la fábrica de botellas. Beryl Bainbridge

La excursión de la fábrica de botellas es una novela tan extraña como su título y su autora. Beryl Bainbridge fue una escritora maldita que escribía obras malditas. Su primer libro, Lo que dijo Harriet, no encontró editor hasta después de diez años porque lo consideraban indecente y repulsivo. Mientras tanto, a Beryl Bainbridge le dio tiempo de intentar suicidarse …

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El testigo ocular, de Ernst Weiss: El pueblo alemán como protagonista

El testigo ocular, de Ernst Weiss. Reseña de cicutadry

El escritor checo Ernst Weiss fue médico antes que escritor, un médico judío que curó a Adolf Hitler de ceguera según narra el propio escritor judío en El testigo ocular, una dolorosa novela. Cura al cabo Adolf Hitler en 1918 de ceguera histérica, devuelve la vista a un cobarde que no quería ver la derrota de Prusia en la Gran …

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La mujer de la arena, de Kobo Abe: el conformismo gregario.

La mujer de la arena, de Kobo Abe

La mujer de la arena es posiblemente la obra más famosa y reconocida del escritor japonés Kobo Abe. Se trata de una de las historias más opresivas e intensas que recuerdo haber leído nunca, con claras connotaciones kafkianas y cuyo planteamiento, que descubrimos a las pocas páginas de comenzado el libro, deja absolutamente perplejo al lector. Argumento de La mujer …

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El desencantado, de Budd Schulberg: los últimos días de Francis Scott Fitzgerald

El desencantado, de Budd Schulberg. Reseña de Cicutadry

El desencantado es una novela sobre el cine escrita por un gran guionista, Budd Schulberg. También es una novela sobre la ruina moral, sobre el pasado glorioso, sobre el fracaso. El desencantado es una novela brutal, una novela sobre los últimos días de Francis Scott Fitzgerald. Una novela sobre el cine Esos últimos días de Francis Scott Fitzgerald fueron vividos …

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El Tercer Policía, de Flann O’Brien: La imaginación incomprendida

El Tercer Policía fue la segunda novela escrita por el irlandés Flann O’Brien. Nunca la vio publicada en vida. Ningún editor la aceptó, tal vez porque en el momento de su creación, 1940, la temática y las formas utilizadas por O’Brien no cabían en un tiempo de guerra. Sin duda, Flann O’Brien fue víctima de su tiempo y de su genialidad. Un genio incomprendido Aunque la literatura –y el arte- está llena de genios incomprendidos, tal vez Flann O’Brien sea uno de esos escritores de los que tan solo conocemos la punta de un iceberg creativo del que ya nunca podremos saber su alcance. La única novela que publicó en su vida, que fue la primera que escribió, En-nadar-dos-pájaros, vendió solo unos cientos de ejemplares. Ahora, esa novela es una obra de culto, como lo es El Tercer Policía o La boca pobre, todos libros desechados en su tiempo. ¿Por qué esta incomprensión? Flann O’Brien no es un escritor fácil de leer. Sus novelas –y El Tercer Policía es buena prueba de ello- exigen al lector un paréntesis de verosimilitud. Sus libros suponen una imposibilidad de identificarse con cualquier situación o personaje de la obra. Todo el texto se halla volcado hacia la imprevisibilidad y la sorpresa. ¿Quiere esto decir que las novelas de Flann O’Brien son un rompecabezas? No. Por ejemplo, El Tercer Policía ofrece una lógica implacable que va llevando al lector de una escena a otra sin solución de continuidad. Todo es normal, todo obedece como a un orden preestablecido. Lo que sucede es que esa lógica y esa normalidad son la lógica y la normalidad de los sueños. Un mundo lleno de bicicletas El Tercer Policía es, en el fondo, un thriller. Hay un asesinato: lo dice el protagonista, narrador de la historia, asesino confeso que se encuentra y habla con su víctima cuando ésta ya lleva muerta un tiempo. Y hay policías. Policías que no se ocupan de asesinatos, sino de mantener a raya un mundo que se desboca por culpa de las bicicletas. Dentro de El Tercer Policía hay un submundo de policías pendientes de los incesantes robos de bicicletas que hay en la comarca. Nuestro protagonista, cuyo nombre se le ha olvidado incluso a él mismo, se encuentra medio recluido en una comisaría solo por el hecho de carecer de nombre, porque las únicas denuncias que se reciben en esa comisaría giran alrededor de las bicicletas. De ahí que nuestro protagonista cohabite en una celda con una bicicleta detenida por robo, o que desde el ventanuco de la estancia vea un patíbulo que sirvió para ahorcar a una bicicleta, autora espiritual de un repugnante asesinato. Entendemos que esta rápida ojeada a El Tercer Policía pueda espantar al lector, pensando que estamos ante una novela sin pies ni cabeza, pero nada estaría más lejos de la realidad. Flann O’Brien fue uno de los escritores más imaginativos del siglo XX. Y también de los más humorísticos. Flann O’Brien y el humor Uno se quiere imaginar a Flann O’Brien acodado en un pub, con unas cuantas pintas ya vacías delante de él, contándonos una historia. Era un gran contador de historias. Como no pudo dedicarse a la literatura, trabajó como periodista, pero incluso así sus escritos se salían de la normalidad. Tenía una envidiable facultad para extraer humor de cualquier situación. Leer a Flann O’Brien es, literalmente, reírse casi todo el tiempo. Y todo gracias a su infinita imaginación, a sus salidas de tono, a sus sorprendentes giros argumentales, a su mirada tan irlandesa, tan cargada de cerveza negra, de miseria y de socarronería. Todo esto se refleja en una extraordinaria frescura, en unos textos ingeniosos, dinámicos, amenos, escritos desde una perspectiva limpia de las cosas, como si nada pudiera hacer daño en el mundo. Flann O’Brien tenía un gran poder de convicción. Era capaz de convencernos de que eso que estamos leyendo, que no deja de ser un disparate, es sumamente divertido, e imaginativo. En definitiva, que nosotros como lectores estamos asistiendo a una fiesta en la que afortunadamente hemos sido invitados. Un científico llamado De Selby Además, El Tercer Policía nos reserva una de las situaciones más divertidas que recuerdo en toda la historia de la literatura. Nuestro protagonista –que es un chaval- se mete en mil y un líos por un solo motivo: quiere dedicar su vida entera a estudiar la obra de un gran científico llamado De Selby. Las ideas de De Selby trufan toda la novela, aparecen cuando menos lo esperas. Es imposible trasladar al lector de esta reseña la pasmosa sensación que queda cada vez que aparecen las teorías de De Selby. En realidad, no tendrían que aparecer en la obra, puesto que nada aportan a su trama. Pero es que De Selby, a pesar de que solo se refieren a él, es el gran protagonista de El Tercer Policía. Sus locos pensamientos son el eje central de una idea que –estamos seguros- quiso imponer Flann O’Brien en esta novela y que podría acuñarse en una frase: Créete todo lo que aquí hay escrito porque saldrás beneficiado. De ahí que casi terminemos creyendo, gracias a De Selby, que el planeta Tierra tiene forma de salchicha, o que la experiencia humana es una sucesión de experiencias estáticas, cada una infinitamente breve, o que la noche está causada por acumulaciones de “aire negro” producidas por ciertas perturbaciones volcánicas. El sueño lo define como una mera sucesión de pérdidas del conocimiento producidas por un estado de asfixia ligera. Nada escapa a la formidable inteligencia alucinatoria de De Selby, que tiene la virtud de que los humanos terminemos creyendo que somos pequeños imbéciles frente a su infinita sabiduría Un fragmento con los apologistas de De Selby No quisiera terminar esta reseña sin reproducir un pasaje de El Tercer Policía relativo a De Selby. Porque no solo son importantes los pensamientos del gran hombre, sino también de las decenas de hagiógrafos, críticos, comentaristas y entusiastas de su obra, que terminan por redondear esta soberbia broma que Flann O’Brien nos tiene reservada en esta novela: El lector estará con toda seguridad familiarizado con las tormentas que se han abatido sobre el códice De Selby, el más perturbador de todos sus textos ológrafos. El Códex (nombre que Basset fue el primero en emplear) es una colección de dos mil páginas de papel tamaño folio con una apretada escritura manuscrita por ambas caras. La principal distinción del manuscrito es que ninguna de sus palabras es legible. Varios comentaristas han intentado descifrar algunos pasajes que parecen menos impenetrables que otros y se han destacado por las fantásticas divergencias no sólo en el significado de esos pasajes sino por los absurdos que exponen. Mientras que Basset describe un pasaje como ‘un tratado penetrante sobre la vejez’, Henderson (biógrafo de Basset) se refiere al mismo como ‘una descripción no carente de belleza del parto de las ovejas en una granja no especificada’. Hatchjaw, mostrando posiblemente más astucia que perspicacia escolástica, presentó de nuevo su teoría sobre la falsificación de los textos y expresó su asombro ante el hecho de que algunas personas inteligentes hubieran podido engañarse por ‘un fraude tan burdo’. Un curioso contratiempo surgió cuando, desafiado por Basset a que demostrara con hechos esa arrogante afirmación, Hatchjaw mencionó, como sin dar demasiada importancia al asunto, que once páginas del texto estaban todas numeradas con el número 88. Cogido indudablemente por sorpresa, Basset efectuó una verificación por su cuenta y no pudo encontrar en su ejemplar ninguna página marcada con dicho número. La discusión posterior reveló que ambos comentaristas afirmaban tener en su posesión ‘el único códice auténtico’. De dar crédito a Krauss, el misterioso filósofo de Hamburgo, la obra que lleva el portentoso título de ‘Códice’ no es más que una colección de máximas en extremo pueriles sobre el amor, la vida, las matemáticas y otros temas similares, expresadas en un inglés deficiente y gramaticalmente incorrecto, que carece por completo de la reconditez y el hermetismo característicos de De Selby. Hatchjaw observó secamente en un artículo de prensa que la aberración de Krauss se debía a la confusión sufrida por aquel extranjero en relación a las palabras inglesas Code (código) y Codex (códice) y expresó su intención de publicar un ‘breve folleto’ para desacreditar de manera eficaz la obra del alemán y todos ‘los fraudes y disparates’ semejantes. La obra no llegó a aparecer, lo que se atribuye a maquinaciones de Krauss en Hamburgo y al hecho de que el pobre Hatchjaw fue detenido una vez más, en esta ocasión por denuncia de sus propios editores, quienes lo acusaron de haber sustraído ciertos accesorios de una mesa de trabajo en la oficina de la empresa. El juicio se pospuso y posteriormente fue sobreseído por la no comparecencia de algunos testigos innominados residentes en el extranjero. Es probable que el tiempo o la investigación arrojen nuevas luces sobre ese documento imposible de leer y del que existen, por lo menos, cuatro ejemplares, todos igualmente indescifrables, del que cada uno de los propietarios afirma tener el original auténtico… Flann O’Brien en estado puro: imaginación, amenidad y humor. No se lo pierdan, cualquiera que sea la obra de él que escojan. El Tercer Policía. Flann O’Brien. Nórdica

El Tercer Policía fue la segunda novela escrita por el irlandés Flann O’Brien. Nunca la vio publicada en vida. Ningún editor la aceptó. Tal vez en el momento de su creación, 1940, la temática y las formas utilizadas por O’Brien no cabían en un tiempo de guerra. Sin duda, Flann O’Brien fue víctima de su tiempo y de su genialidad. …

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Rey del Albor, Madrugada, de Julio Escoto: una novela sobre la deconstrucción nacional de Honduras.

Kinich Yax Kuk Moo (Rey del Albor) Madrugada

Describir la obra Rey del Albor, Madrugada es sumergirse en una de las mejores novelas históricas de Centroamérica, sin mencionar que está catalogada como la mejor novela hondureña de todos los tiempos. De hecho, Rey del Albor, Madrugada podría considerarse como la novela de Honduras por antonomasia, pues la ambición de Julio Escoto con esta obra fue la de construir …

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Las olas, de Virginia Woolf: el lirismo introspectivo.

Los actos de la humanidad han sido dejados de lado y dan paso a la autorreflexión de la consciencia moderna. Las olas de Virginia Woolf es una novela que rompe los límites de lo que entendemos como tal. No parece raro que sea nombrado «el más experimental de sus trabajos». Es un hito literario porque la Las olas abre sus cauces a otras posibilidades, todas ellas …

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Gran Granada, de Justo Navarro: El comisario Polo entra en acción

Gran Granada, de Justo Navarro. Reseña de Cicutadry

Justo Navarro ideó en Gran Granada a un policía extraordinario: Polo. Con casi dos metros de altura, es un gigante en los años de la dictadura franquista: tiene la suerte de mirar a los demás por encima. Tiene también otra excelente cualidad para ser policía en una dictadura: es experto en telecomunicaciones. La gente habla por teléfono descuidadamente, en habitaciones …

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